miércoles, 18 de noviembre de 2009

Santiago Gamboa: Vivimos el asedio de la banalidad


El escritor colombiano vino a Buenos Aires a presentar Necrópolis, novela con la que obtuvo el premio La otra orilla 2009. A través de múltiples voces, la obra refleja la violencia actual en sus distintos rostros


Por Héctor M. Guyot | © LA NACION
Fuente: mediaIsla, Boletín 1151

Desde la terraza del hotel porteño donde se desarrolla la entrevista con Santiago Gamboa se domina la ciudad. En el patio de un edificio vecino, una mujer joven riega las plantas. Unos pájaros cruzan la mañana despejada. De pronto, una sirena estremece el inacabable horizonte de cemento. Ese grito estridente y monocorde, que quizá se abre paso hacia una vida en peligro, parece salido de las páginas de Necrópolis, novela que acaba de obtener el premio La otra orilla 2009, otorgado por el grupo editorial Norma, y que el escritor colombiano vino a presentar en Buenos Aires.

En Necrópolis, la ciudad es una Jerusalén sitiada por la guerra. Reunidos en un hotel asediado por el estruendo de las bombas, los invitados a un congreso de biógrafos exponen vidas de lo más bizarras. En algunos casos, propias y en otros, ajenas. Allí están, por ejemplo, la estrella del porno Sabina Vedovelli, el librero francés Edgar Miret Supervielle y sobre todo José Maturana, un ex convicto y ex drogadicto devenido pastor evangélico que narra su ascensión desde las calles más sórdidas hasta el imperio religioso que construye junto a su salvador, un carismático mesías latino de Miami. "Quería hacer una especie de versión contemporánea del Decamerón, un libro que admiro mucho, para abordar temas como la violencia, la crueldad y la muerte -dice Gamboa, nacido en Bogotá en 1965-. En lugar de una ciudad sitiada por la peste, pensé en un lugar martirizado por la guerra, que es otro tipo de peste. Me pareció una bonita idea que en esa ciudad hubiera un grupo de personas, como en el Decamerón, que se cuentan historias. Obviamente, el marco ideal era un congreso."

En su conjunto, estas historias, que incluyen temas como la droga, la prostitución y el terrorismo, y que están narradas con un lenguaje tan coloquial como crudo y explícito, trazan una pintura de la degradación de la vida en nuestro tiempo. "Escribí esta novela como forma de dar mi mirada personal del mundo contemporáneo a través de la literatura. Es una visión descreída, dura, nihilista, en la que el ser humano aparece como alguien frágil rodeado de peligros y amenazas", cuenta Gamboa, autor de dos libros de relatos y cinco novelas, entre las que se cuentan Vida feliz de un joven llamado Esteban (2000) Los impostores (2002) y El síndrome de Ulises (2005). Traducido a más de quince idiomas, el escritor vive desde hace un año en Nueva Delhi, India, donde se desempeña como consejero cultural de la embajada colombiana.

—En el congreso confluyen personajes de distintas culturas y extracciones, hay académicos y escritores mezclados con estrellas porno y predicadores. ¿Por qué esa diversidad?

—Me gustan las novelas donde hay personajes de distintas procedencias, pues las historias son diferentes de acuerdo al lugar donde ocurren. Los personajes de Necrópolis, sin embargo, tienen en común cierta fragilidad y todos narran el paseo por su infierno personal. A mí me gusta mucho el Bosco y ese tríptico suyo del cielo y el infierno, que también fue parte, como imagen, del impulso inicial de la novela. A los personajes también los iguala la lucha por inventarse una vida desde la precariedad y la orfandad, como si trataran de ser felices en medio de una realidad que les niega todo. Incluso en las vidas más banales hay momentos extraordinariamente heroicos y otros de crueldad o de traición. Cualquier vida, si la miras con cuidado y afecto, te muestra todo lo que hay en la existencia.

—¿Y alcanzan la redención esos personajes de vidas tan duras y por momentos tan sórdidas?

—Los redime precisamente el hecho de contar sus historias. La ciudad, como ellos, está sitiada. La única defensa, tanto de ellos como del lugar, es usar la palabra para transmitir y salvar los relatos que contienen ideas sobre el mundo y sobre la condición humana. Es como si la celebración de la vida en medio de un lugar acosado por la muerte se diera a través de la palabra, a través de las historias.

—Se trata de personajes construidos desde su discurso, desde su voz. ¿Cómo construiste a Maturana?

—Empezó siendo un sueño muy ambicioso: una gran voz que unificara América latina en un personaje que se pregunta por su origen en una calle de Miami. Luego lo reduje al área del Caribe, algo más verosímil. Me gustan los personajes que se narran a sí mismos a través de su voz, a la manera de Manuel Puig, por ejemplo. En este caso, yo mismo tuve que oír primero esas voces antes de volcarlas en la página. Pensaba mucho en Maturana y me parecía que lo oía, hasta que tuve claro cuál era su tono. De pronto escribí un párrafo y me dije: tal como suena esto tiene que sonar todo.

—Hay muchas escenas sexuales en la novela. ¿Qué lugar ocupa la pulsión del sexo en ese mundo marginal y violento que describen algunas de las historias de Necrópolis?

—En el caso de la actriz porno, el sexo es su manera de defenderse del mundo y al mismo tiempo de conquistarlo. Pero además, cuando tú vives una situación de miedo permanente porque no tienes trabajo, porque sientes frío y hambre o tu autoestima está por los suelos, el sexo se convierte en una forma de evadirte y hasta de sentirte vivo, como ocurre con las drogas o el alcohol. En los grupos de inmigrantes ilegales que conocí en París a principios de los años 90 se vivía una sexualidad desorbitada, porque para el sexo no necesitas visa ni documentos, ni siquiera plata. Ese tipo de sexo también refleja síntomas del mundo contemporáneo, como la violencia y la agresión, aunque también puede contener lealtad y hasta amor, una sensación cada vez más rara.

—¿Vivimos en un mundo asediado por la violencia, el caos y la crueldad?

—Vivimos asedios de distintos niveles. En ciertos lugares el asedio es físico y tiene que ver con la guerra y la muerte, con la violencia convertida en secuestro, en tortura, en terrorismo, en crimen indiscriminado, tanto de particulares como de los Estados. Pero hay otros lugares donde el asedio, violento también, parte de la banalidad, de la mirada superficial e inhumana de los demás. Esta agresión ataca también las cosas bellas que el ser humano ha construido durante siglos. Fíjate en la literatura. Hoy está asediada por la banalidad, por la cultura del entretenimiento y la vacuidad. Por ejemplo, el libro más vendido y leído en Estados Unidos durante 1958 fue Lolita, de Vladimir Nabokov. ¿Hace cuánto tiempo que no ocupa ese lugar una obra de carácter literario?

—De algún modo, la novela establece una metáfora de fin del mundo. ¿Compartís esa visión apocalíptica?

—Sin duda tengo ahora una mirada más melancólica sobre el mundo que la que tenía en mis libros anteriores. Veo cada vez menos belleza y más arrogancia y violencia. Todo ser humano lleva dentro de sí un mundo perdido, una visión de la infancia en la que todas las cosas eran más bellas y amables. Pero hoy se ha vuelto normal hacer cosas inmorales sencillamente porque no son ilegales, y se publicitan como si fueran virtudes. Es un mundo grosero, lleno de cinismo. En ciertos lugares eso puede deberse a la falta de educación o a la frustración por la falta de oportunidades. Pero en otros es el resultado de la abundancia, de la arrogancia y el triunfalismo. Eso pasa en ciudades maravillosas como Londres, París o Nueva York. Tú llegas a París o a esas bellísimas ciudades europeas que en su superficie no pueden ser más hermosas y lentamente empieza a aparecer todo esto, es el horror, mientras que llegas a una ciudad como Nueva Delhi o como Nairobi y la superficie es horrorosa, pero lentamente emerge una belleza que está en la gente. Por eso para mí estar en Delhi es una opción de vida.

—Dejaste Colombia muy joven...

—Hace 25 años, a los 19. A mi padre, que era profesor de historia del arte en la universidad nacional, lo invitaron a enseñar por un año en la universidad de Heidelberg, Alemania, y terminó yéndose a Europa toda la familia. Yo me fui a España, donde obtuve una beca para estudiar filología en la Universidad Complutense de Madrid. No tenía el proyecto de irme para no volver. Como dice Bryce, soy un "quedao". Quería escribir, y por entonces creía en la idea romántica de Cortázar y Vargas Llosa de que había que ir a París. Me matriculé en la Sorbona para hacer un doctorado en literatura y allá fui.

—He leído que en París conociste al escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, que escribió su obra en los márgenes y por fuera de las grandes corrientes de la literatura latinoamericana.

—Ribeyro me salvó la vida. Casi todo lo que soy es el resultado de haber seguido el camino que él me mostró. A los 24 años yo quería ser escritor pero no sabía cómo, y estaba ocupado en sobrevivir. Hacía mecánica en las calles, lavaba platos, pero no conseguía llevar adelante mi propósito. En Madrid, un amigo peruano me había dado el teléfono de Ribeyro, que entonces tenía 60 años, y un día, con muchos nervios, lo llamé. Le dije que era periodista, mentira, y que quería entrevistarlo. "Qué interés puede tener un escritor como yo en Colombia, si nadie me conoce allí", me respondió con una vocecita. Le dije que para eso estaba yo. "Estoy muy deprimido, llámeme la semana que viene", dijo. Y así durante semanas. Siempre estaba deprimido. Y en una de esas llamadas, cuando ya íbamos a colgar, yo le dije que también estaba deprimido. "¿Qué le pasa?", me preguntó, y le conté. "Ah, eso cambia todo, venga mañana", dijo. Y ahí arrancó una amistad. Enseguida convocó a sus amigos peruanos para que me ayudaran. Ribeyro había trabajado como 14 años en la agencia AFP, y un amigo suyo me empezó a llevar allí por las noches, a partir de las 12, cuando no había jefes, para que aprendiera a usar los teletipos y a escribir cables. La idea era entrenarme para hacer el test de ingreso a la agencia. A las tres semanas se desató la Guerra del Golfo, la primera, y necesitaron gente. Hice el test y me tomaron. Empezaba a vivir de la escritura gracias a Ribeyro. Todavía no me atrevía a contarle que yo quería ser escritor serio. Quería llegar un día a verlo con algo publicado bajo el brazo, pero él murió cinco meses antes de que yo publicara mi primer libro. Sin embargo, él se daba cuenta. En una la dedicatoria de uno de sus libros, me puso: "Para Santiago, joven escritor".

—¿Cómo has llegado a Nueva Delhi?

—Desde hace cuatro años hago diplomacia en el área cultural. Primero fui a la Unesco, en París. Hace un año quedó libre el cargo de consejero cultural en Delhi, la embajada colombiana en la India me lo propuso y acepté. Fue el traslado más sencillo de la historia de la diplomacia colombiana. Dejaba París, a donde todos quieren ir, para ir a una ciudad como Nueva Delhi.

—¿Y qué has encontrado allí?

—Me gusta mirar el resto del mundo desde allá. Desde la diversidad de la India el mundo se ve en unas dimensiones curiosísimas. Europa entera es una sola cosa. Y con esa perspectiva te das cuenta de que la europea es una cultura preponderante, pero no la única. Y este cuento de la globalización... La idea de que el mundo se va a uniformizar por el hecho de que haya tiendas Benetton en todos los aeropuertos del mundo sólo la puede creer alguien que no conoce el mundo. Además, India es hoy uno de los países más prolíficos en buenos escritores. Tienen un elenco extraordinario. Están Vikram Seth, para mí uno de los mejores escritores vivos del mundo, Salman Rushdie, Amitav Ghosh, Arundhati Roy. Y ellos son escritores que escriben en inglés, cosa que en la India se mira con cierta sospecha. Allá hay más de 30 lenguas oficiales, y hay literatura en todas ellas. India es como un reino lleno de diversidad. [giecoleon]

La biblioteca personal de Cortázar se vuelve pública en Internet


Fuente: mediaIsla, Boletín 1151

El Instituto Cervantes y la Fundación Juan March inauguran una exposición virtual sobre el universo literario de Cortázar. Libros dedicados, firmados, anotados y un costado íntimo y desconocido de uno de los autores más importantes de la historia de la literatura argentina.

Los libros de Cortázar, permite adentrarse por primera vez en la biblioteca del autor de Rayuela, y conocer, a través del testimonio de sus libros, su universo lector.C oordinada por Jesús Marchamalo, la muestra puede visitarse desde esta semana en la página web del Centro Virtual Cervantes http://cvc.cervantes.es/literatura/libros_cortazar//.

Aurora Bernárdez, viuda y legataria universal de Julio Cortázar, donó en 1993 a la Fundación Juan March la biblioteca personal del escritor. Algo más de cuatro mil volúmenes, muchos de ellos dedicados o anotados, que tenía en su casa de parisina: literatura del siglo XX, libros de arte, antiguas ediciones de clásicos castellanos; libros de poesía en inglés o francés, diccionarios.

Dividida en cinco epígrafes -libros firmados, dedicados, anotados, con objetos y formatos curiosos-, la muestra se detiene en un centenar de obras, seleccionadas por su singularidad. Hay libros dedicados por Octavio Paz, José Lezama Lima, Pablo Neruda, Alejandra Pizarnik, muchos de ellos mostrados por primera vez; así como dedicatorias de María Zambrano, Rafael Alberti, Augusto Monterroso, Italo Calvino, Virgilio Piñera, entre otros muchos autores con los que Cortázar tuvo relación, según informó la agencia Europa-Press.

También pueden verse libros con anotaciones manuscritas, a lápiz, bolígrafo o rotulador -comentarios, preguntas-, que muestran la pasión con la que Julio Cortázar leía, y el diálogo que le gustaba establecer con los autores a través de sus libros.

Hay un apartado dedicado a las erratas, que el escritor corregía incansablemente, y sobre las que -en ocasiones- pedía explicaciones en los márgenes del libro a autores y a editores: "¿Por qué tantas erratas?", anota en su edición de Paradiso, de Lezama Lima.

La exposición virtual se interesa también por algunos libros de formatos curiosos, y por una selección de primeras ediciones de obras de Julio Cortázar publicadas tanto en español como en distintas lenguas.

El presupuesto para 2010, aprobado por PAN y PRI, es faccioso y clientelar: Alonso Raya


El presupuesto aprobado por la mayoría panista y priísta en el Congreso de la Unión es clientelar y los recursos serán destinados a lo que mediáticamente tendrá mayor impacto, señaló el presidente del Secretariado Estatal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Miguel Alonso Raya.

En conferencia de prensa, resaltó que los recursos destinados para 2012 para el estado de Guanajuato no atacan los problemas de fondo que afectan a los guanajuatenses, además de que no hay instancias que garanticen la transparencia en el gasto público.

El presupuesto para 2010, indicó, está destinado a beneficiar especialmente a estados gobernados por el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Se le destinará a usos facciosos y partidistas, recalcó.

Alonso Raya destacó que la forma como se está construyendo el presupuesto ya resulta agotado y se requieren reformas para garantizar el uso eficiente de los recursos y evitar que sean manipulaos a favor de determinados gobiernos.

Calificó como grave error que se hayan disminuido recursos al Órgano de Fiscalización Superior y a la seguridad pública, así como que sea insuficiente la inversión para combatir el desempleo.

Lo anterior rezaga a México no sólo por los niveles de corrupción en vez de reducir los márgenes de corrupción en el país.


Desigualdad y desempleo en Guanajuato

En Guanajuato hay 156 mil desempleados y han aumentado los hechos delictivos y la migración. De ahí que los recursos asignados a la entidad deban canalizarse a atender estos problemas.

Dijo que el presupuesto para 2010 aumentó en un 27 por ciento, pero se le pretende dar prioridad a la inversión en infraestructura que sólo “parchan” obras que ya estaban en proceso. El fondo del problema, señaló Alonso Raya, el presupuesto no garantiza un crecimiento económico para la entidad.

En general, añadió, los recursos asignados a Guanajuato son una cantidad nada despreciable, pero la actitud que prevalece es la de cómo blindar Guanajuato electoralmente pero es faccioso lo que hace el gobernador con su equipo.


Castiga Oliva a municipios no panistas

El dirigente estatal perredista señaló que en el estado va surgiendo un conjunto de problemas que se agrava cada vez más en los municipios, y el gobernador, en vez de resolverlos, margina a los que no son de su partido.

Oliva, en ese sentido, aseveró, “castiga” a municipios como Valle de Santiago. Ahí el ayuntamiento saliente firmó por unas obras en la calle Santa Bárbara y prolongación Matamoros, donde se hizo una asignación directa sin hacer las tres propuestas, como lo marca la ley. Debido a esa irregularidad, la Secretaría de Desarrollo Social anuló el convenio y el municipio actual debe reponer un millón de pesos como reparación del daño.

Ser viejo


El fenómeno de la nueva ancianidad bajo la óptica de la filosofía y la sociología modernas. Por qué la vejez dejó de ser sinónimo de autoridad y sabiduría. Un ensayo sin concesiones de Diana Cohen Agrest sobre los cambios culturales que afectan a la tercera edad.


Por Diana Cohen Agrest | © LA NACION
Fuente: mediaIsla, Boletín 1151

El día que sean invitados a un congreso desde el extranjero, se hagan cargo de todos sus gastos y sean recibidos en el aeropuerto... es porque están viejos-, sentenció cierta vez un experimentado profesor universitario ante sus alumnos. De allí en más, esta muestra de humor corrosivo sería el consuelo que me acompañaría en cada uno de mis esforzados desplazamientos académicos.

Años más tarde, vuelvo a encontrar al profético docente en una velada social. Remedando sus palabras, le cuento que las invitaciones all inclusive que, finalmente, estaba recibiendo tras años de perseverancia eran la prueba irrefutable de su hipótesis prudencial. Para mi sorpresa, y con una bien ganada autosuficiencia, replica entonces que el paso del tiempo lo había obligado a reformular su teoría original: "El día que ya ni te vayan a buscar al aeropuerto ni se hagan cargo de todos tus gastos y ni siquiera te inviten, ese día, ¡es la prueba de que estás realmente vieja!"

En la Antigüedad, cuando el anciano era una rara avis, era venerado como una fuente sapiencial indisolublemente ligada a cierta superioridad moral certificada por su madurez. Hoy por hoy, en un mundo demográficamente envejecido en el que se asienta una cultura que idolatra tanto la belleza y la juventud como oculta la fealdad y la vejez, no se desea ser perturbado por nada que nos recuerde nuestra finitud. El costo social de esta huída es una progresiva invisibilización de una franja etaria en una sociedad que, a mayor cantidad de viejos, menos sabe qué hacer con ellos. No es por azar que los eufemismos para aludir a este colectivo se multipliquen como los panes y los peces: "abuelos", "adultos mayores", "tercera edad" y hasta "cuarta edad"... en un intento de cubrir con un manto de respetabilidad a quienes el rechazo cultural hace de los así aludidos, uno de los grupos más discriminados. Dicha exclusión ilumina las razones que hacen que las reflexiones en torno al envejecer, en nuestra cultura mediática, suelan ser marginales pues, a manera de síntoma, ellas reflejan el rostro oculto de aquello que nos resistimos a aceptar.

Aun cuando admitamos que muchos de los prejuicios son la expresión de condicionamientos culturales, el imaginario social de la vejez hunde sus raíces en las circunstancias que hasta hace poco sellaban esta etapa de la vida atravesada por el tiempo y por una carnalidad despojada de todo glamour. De allí la necesidad de meditar, a contracorriente, en torno a modelos divergentes en el abordaje del envejecer.

La mirada despiadada

Por cierto, el envejecimiento no es una condición "normal" para el que lo vive, quien se siente cobijado bajo la creencia de que sólo los otros envejecen. Esta autoexclusión narcisista es tan frágil como detectable: una mirada fugaz en el espejo basta para que el cristal le devuelva una imagen marcada por las huellas del tiempo, para comprobar que es y no es el mismo. Es cierto que, en su conciencia, se siente todavía joven, pero la imagen retratada poco o nada tiene que ver con la reflejada en aquellos días más benévolos del pasado, como si ese ritual de cada día le revelara, con crueldad, cierta incoherencia entre el yo joven que lo acompaña desde siempre y ese yo que contempla, consternado, en el cristal. Ese rostro que, con el tiempo, se le ha vuelto extraño.

Este desencuentro aciago entre el yo que se cree ser y el que se es condujo a cierto consenso en el imaginario colectivo acerca de que el envejecimiento es un mal incurable. Devoto de una fe ilusoria y consagrado a exorcizar ese mal, aquel que dice "Me siento bien" lo hace porque ya no se encuentra en un estado óptimo, condición en que uno ni siquiera "se siente": durante las primeras etapas del ciclo vital, el cuerpo lo acompañó como un amigo silencioso. Al envejecer, de aliado se transformó en enemigo, traicionándolo, inclemente, con achaques y limitaciones; devenido una suerte de parásito que ha ido carcomiendo a quien fue en tiempos mejores. Cuanto más siente que las piernas no le responden, que la digestión se le volvió una molestia, que la vista se le nubla; cuanto más siente el cuerpo, más extraño se siente de quien fue, aun cuando continúe siendo el mismo. Y pese a que lo abandona cada vez un poco más, se aferra a él y, a través de él, a la vida.

Por sobre todo, el individuo que envejece se siente cada vez más, más cuerpo y, en el mismo gesto, más desposeído de un mundo donde se va quedando solo. Ciudadano de una patria que ya no es la suya, sus amigos de siempre lo han ido abandonando. Ya ni siquiera lo acompañan sus enemigos, los mismos que le daban algún sentido, siquiera miserable, a sus luchas y fracasos. Por eso se obstina en ese yo que alguna vez existió, cuando no reescribe su propia historia. Pues en una suerte de rememoración tan ficticia como irrefutable, entreteje el arte de la fabulación: si de joven se creyó dotado de aptitudes musicales, el yo social presentará su propio pasado como el de un talento desperdiciado. O si es un veterano de la Guerra Civil Española, podrá alardear de haber sido vecino de cama del Hemingway internado en el hospital militar.

Reconociéndose cautivo de su cuerpo propio, lanzarse fuera de los muros de su acotada geografía, salir de lo normal, alterar su rutina, mudarse, viajar o explorar territorios inexplorados supone los riesgos de enfrentarse con adversarios con los que no se siente capaz de medir sus fuerzas. Esas fronteras no son meramente espaciales. Con el porvenir cancelado, es irrelevante aquella pregunta pueril "¿Qué vas a ser cuando seas grande?". El sucedáneo es "¿Qué hiciste de tu vida?, como si la vida, sinónimo de cambio y devenir, se hubiese petrificado en un pasado hacia el cual no hay ni retorno ni oportunidad de reparación. Prisionero de quien fue, contempla con recelo al joven que todavía es promesa, es más, que todavía es lo que promete ser, porque no ha atravesado el curso del tiempo que se burla de los deseos y aniquila las ilusiones.

Cuando recién despunta la vejez, todavía intenta sostener aquel yo social (aun a sabiendas de que el yo biológico ya no responde como se quisiera). Y todavía vive como imagen especular -interiorizada- de la mirada de los otros. Pero desterrados de esa patria que es el propio tiempo, y a diferencia de los que le siguen, quienes envejecen no sólo envejecen para la mirada de los jóvenes, también envejecen para muchos de sus coetáneos, quienes corren tras los jóvenes y los ideales de la juventud, en el anhelo inútil de que, como por ósmosis, la fuerza y rebeldía juveniles les sean transmitidas, añorando esa edad presuntamente dorada (y olvidando que, en verdad, se trata de un período crítico de la vida, plagado de conflictos y temores).

En un texto sin paliativos, Revuelta y resignación. Acerca del envejecer, el pensador existencialista Jean Améry describe, en estos términos, al viejo que, vanagloriándose de su actitud positiva, aspira a mantenerse joven entre jóvenes: si se viste y se expresa como aquellos a quienes emula, simulará compartir las bondades de la juventud. Si el viejo renuncia al espíritu de sus propios tiempos y logra mimetizarse con los modelos contemporáneos, se dirá de él que es dueño de "una mentalidad abierta", pero a costa de sentir en carne propia su anacronismo. Obligado a vivir en un mundo que no es aquel en el cual él creció. Pero como esos modelos se renuevan cada vez más aceleradamente, está condenado a saberse cada vez más distante de las vanguardias.

Otra respuesta posible es cosechar lo vivido, creerse más allá del bien y del mal, sintiéndose finalmente liberado de la tiranía de modas pasajeras (otra forma de autoengaño), como si la experiencia ganada, pero sobre todo sufrida, otorgara el título de maestro de vida que hasta parecería autorizar cierto maltrato a los demás. Es el caso de quien murmura, entre dientes, "Todo tiempo pasado fue mejor", sin reconocer que (parafraseando a Borges) le tocó vivir, como a todos los hombres, en el peor de los tiempos.

No son las únicas respuestas existenciales a la vejez. También hay otras que, sin caer en la autoindulgencia de la mimesis ni en la soberbia de lo superado, se sostienen en un presente enraizado en el deseo de vivir.

La mirada redentora del deseo

Baruj Spinoza, el filósofo que exaltó como pocos la conquista de la alegría, declaró: "La esencia del ser humano es el deseo", y en esas enigmáticas palabras condensó la complejidad de la naturaleza humana. Porque desde el primer llanto con el que nos asomamos al mundo, somos sujetos deseantes. Porque cuando ni siquiera sospechamos nuestro destino crepuscular y todavía ignoramos absolutamente todo de cronologías y de convenciones humanas, el deseo ya se expresa como lo que es: aquello que nos constituye como quienes somos. Y siendo un deseo sin tiempo, el viejo es tan perfecto como el joven y éste, como el niño, porque en cada estadio de la vida se es todo lo que se puede o se sabe ser.

El ser humano es su deseo desplegándose a través de proyectos vitales: la sucesión de las civilizaciones, las colosales construcciones humanas, las obras de arte que parecen resistir a las victorias y a las derrotas de los ejércitos más invencibles no son sino la expresión de la conquista del instinto y del pensamiento. Pero también los actos insignificantes de la cotidianeidad, las victorias despreciables y las derrotas baladíes del día a día nacen de esa fuerza deseante que, si dependiera de cada singularidad humana, se querría infinita.

Vivir, en su sentido último, es la búsqueda perpetuamente renovada del "desear desear", desear el propio deseo, desear ser sujeto deseante, sea cual fuere el objeto que instituimos, circunstancialmente, como objeto de deseo. Es el mismo deseo que, en el horizonte existencial, propicia los buenos encuentros: aquellas amistades y amores que enriquecen nuestras vidas, los proyectos compartidos, los goces renovados. Experiencias, todas ellas, para las que poco importa el ocaso.

Sin embargo, dado que el tiempo vivido está hecho no sólo de encuentros sino también de otros tantos desencuentros, estos encuentros fallidos pueden amenazar el deseo, debilitar ese desear desear, ponerlo en riesgo y hasta consumirlo (morir es apenas eso, sucumbir al poder de un mal encuentro con otra cosa -un veneno, un automóvil, una célula cancerígena- que termina por destruirnos).

En su forma progresiva, el envejecimiento suele propiciar el "rumiar" silencioso del pasado, el volverse una y otra vez a lo que se hizo o no se hizo, o a lo que se pudo haber hecho y no se hizo. Es cierto que lo vivido persiste, insistente e inquietantemente, bajo la forma del recuerdo. Y es más cierto aún que el pasado como tal, por su evaporada "corporalidad" ("lo que fue, fue"), ya no puede ser transformado. Con su mirada interior obnubilada por su densidad existencial, el viejo se interroga sobre lo que habría sido si su pasado hubiera sido distinto. Piensa que si no hubiese hecho tal o cual cosa, no habría sobrevenido luego la catarata de desgracias cuyo desencandenante inicial podría haber sido evitado. Como el hacha en el yunque, esos recuerdos golpean una y otra vez. O hasta se han vuelto una suerte de alimento indigesto que intoxica a quien lo rumia con los fantasmas del pasado que habitan en su imaginación.

¿Qué hacer, entonces, con la experiencia acumulada, con esos desencuentros que han sellado el cuerpo y la mente con secuelas tales como el resentimiento, el remordimiento o el arrepentimiento? ¿Qué hacer toda vez que se desearía trocar lo acontecido en no acontecido, y transformar en acontecimiento lo que jamás aconteció? Spinoza nos propone un camino para reapropiarnos de nuestras emociones, desligándolas progresivamente de esas representaciones imaginarias que nos vuelven cautivos del pasado.

Por empezar, se trata de darnos cuenta de que, por lo general, nuestras emociones negativas proceden de la creencia errónea de que una única causa es la responsable de todo lo que nos acontece. Separando ese eslabón de la cadena de causas y efectos a la que pertenece, suponemos que si ese acontecimiento hubiese sido diferente, las consecuencias dolorosas podrían no haberse seguido. Entonces nos parece que todo pudo haber sido distinto.

De más está decir que, lejos de ser una panacea, esos pensamientos se reducen a lo que los lógicos llaman un contrafáctico, un condicional cuyo antecedente nunca ocurrió, como el enunciado "Si Julio César no hubiese cruzado el Rubicón, la historia de Roma (y del mundo) habría sido otra". Vuelto hacia su propio pasado, quien piensa en estos términos piensa a contramano de los hechos, en un mecanismo imposible aferrado a cierta melancolía nostálgica que inmoviliza a quien lo experimenta en un tiempo sin retorno. Desconocedor, por añadidura, de que jamás se podría haber hecho todo lo que se deseó, porque nuestra libertad es siempre una libertad condicionada por un campo de fuerzas y de tensiones. Libertad del querer ineludiblemente limitada por los deseos de los otros.

A través de este itinerario, Spinoza nos señala ciertos recursos existenciales capaces de liberarnos de lo que nos sume en el desasosiego. Es necesaria una reapropiación de las emociones, que las desligue progresivamente de la representación de las cosas exteriores. Si reconocemos los mecanismos mentales de producción de una emoción, no estando ya ésta asociada a la cosa exterior que se considera su causa, esa emoción deja al mismo tiempo de ser experimentada como una pasión, en otras palabras, interpretada y vivida en términos de amor o de odio, y en consecuencia, deja de estar sometida a lo que nos rodea. Se trata, en suma, de reorganizar nuestro campo mental según las reglas de una nueva economía libidinal que reconduzca hacia el yo todas sus producciones, desvinculando las emociones de sus fijaciones obsesivas a fines externos, y dotándolas en ese acto de nuevas motivaciones. Por medio de una especie de conversión racional, es posible disminuir subjetivamente la carga libidinal proyectada en los recuerdos destructivos y reencauzar nuestras emociones para que operen a nuestro servicio, incrementando la fuerza afirmativa en la que se sostiene la tarea de vivir.

Spinoza nos enseña que el reconocimiento de la génesis de nuestras emociones, junto con la comprensión de su naturaleza, puede llegar a quitar el dolor que esas emociones nos producen, reafirmando el valor terapéutico de una reflexión esencial en la consecución de la superación de las emociones dolorosas: así como se sigue que no es sencillo llegar a comprender los mecanismos proyectivos que instituyeron al objeto de amor o de odio que nos sume en el dolor, porque estamos comprometidos, involucrados con ellos, se sigue asimismo que una vez que comprendemos esos mismos mecanismos proyectivos y su fuente en el yo, con el tiempo dejarán de producirnos dolor. Esta suerte de resignificación de las emociones, nos lo advierte el filósofo, aunque difícil, no es imposible.

Spinoza dijo: "La esencia del hombre es el deseo". Y el deseo es primariamente el deseo de conservar la vida y de hacer, de esa vida, una existencia enriquecida por los encuentros con los otros y con las cosas del mundo, actividad deseante que recién cesa con la muerte.

El deseo es, al fin de cuentas, amar la vida. Y no conoce ni de primaveras ni de otoños.

La mirada científica

No sólo los viejos. También los jóvenes y aquellos que no lo son tanto ven la vejez como un mal que sólo les sobreviene a los otros, aun cuando paradójicamente -a diferencia de los negros o los extranjeros, por nombrar apenas un par entre tantos otros grupos discriminados-, los viejos son la única minoría de la cual esperamos formar parte (dado que la alternativa es, obviamente, peor: morir antes).

El sociólogo Manuel Castells, en La era de la información, una obra tan actual como documentada, observa que tradicionalmente el tiempo laboral se asociaba íntimamente con el ciclo vital. Ese matrimonio entre tiempo vivido y jubilación parece haber llegado a su fin: individuos que ni siquiera alcanzaron la sexta década de vida, por jubilación anticipada, por desempleo permanente o por desgaste o desánimo ante la imposibilidad de reinsertarse en el mercado laboral, lo abandonan prematuramente. No sólo el reconocido profesor universitario dotado con los conocimientos que sólo la experiencia puede conferirle es apartado de la vida académica. También las miopes conductas empresariales y gubernamentales conducen a deshacerse de los trabajadores de cierta edad, en la creencia de que la madurez es sinónimo, observa Castells, de cierta incapacidad de "adaptarse a la velocidad actual de la innovación tecnológica y organizativa", miopía que pasa por alto que la aceleración en la renovación de la tecnología crea un horizonte perpetuamente inalcanzable no sólo para los llamados "inmigrantes digitales" (quienes nacieron mucho antes de la aparición de estas nuevas tecnologías), pues de hecho también los "nativos digitales" la padecen.

En contrapartida, la transformación del ritmo vital que hacía del hombre un reloj biológico cuyas horas marcaban inexorablemente lo que socialmente se esperaba de él, la prolongación de la duración de la vida media y la proporción de la población que supera esa media alteraron la asociación entre ancianidad y muerte social. El universo de la vejez es tan heterogéneo o más el de que cualquier otro grupo etario (pensemos, sin ir más lejos, que abarca desde los sesenta o sesenta y cinco años hasta los cien años, y que en la ciudad de Buenos Aires solamente, lo dicen las estadísticas, hay más de trescientas personas centenarias), prolongación que redefinió el ciclo vital. Si tomamos en cuenta que a un jubilado a los sesenta y cinco años tal vez le espera vivir un tercio de su vida, la salida del mercado laboral ya no es un criterio válido para determinar el pasaje a la vejez. Y si se aplica un criterio mucho más preciso, las diferencias individuales no se hallan tan sujetas a la edad cronológica como al grado de discapacidad, fragilidad o dependencia, no siempre en relación directamente proporcional con la edad. Esas diferencias son tan importantes que algunos miembros muy maduros pueden ser encolumnados con discapacitados más jóvenes, integrando conjuntamente un nuevo grupo social. Por último, más que por su edad, la diferenciación real pronto dependerá del capital social, cultural y relacional acumulado a lo largo de la vida, lo que quiebra, señala Castells, "la relación existente entre la condición social y el estadio biológico en que se basa el ciclo vital".

Otros enfoques científicos también colaboraron para esclarecer la autopercepción de la vejez. Los aportes de la psicología y la neurología a la gerontología documentaron cierta pérdida de las capacidades intelectuales y mnémicas a medida que progresa el envejecimiento. La contrapartida del reconocimiento de ese deterioro cognitivo son los índices alentadores en la evolución de vida emocional. A juzgar por los estudios dirigidos por la investigadora Laura Carstensen en el Laboratorio de psicología experimental de la Universidad de Stanford, tras el seguimiento de un grupo de 184 personas entre los 18 y los 94 años se concluyó que, aunque los sentimientos positivos se mantienen constantes tanto en los adultos jóvenes como en aquellos que no lo son tanto, con el transcurso del tiempo la frecuencia de sentimientos negativos declina notoriamente. Tras "tocar fondo" alrededor de los sesenta años, los sentimientos negativos en quienes superan esa edad, experimentados en el día a día, son más frecuentes, pero se mantienen por debajo del nivel máximo de los jóvenes veinteañeros. Por añadidura, a medida que se envejece, los sentimientos positivos perduran durante más tiempo mientras que los negativos son cada vez más efímeros.

Esta variabilidad mostraría que la gente mayor regula sus estados emocionales mejor que lo que lo hace la gente joven. Con el paso del tiempo, la sensación creciente de que se cuenta con menos tiempo futuro genera la búsqueda de relaciones emocionales más profundas, a diferencia de lo que ocurre a los jóvenes que, con todo el tiempo por delante, sacrifican a menudo los lazos emocionales en la búsqueda de nuevos contactos y experiencias. Los viejos conviven en redes sociales reducidas, como reducidas son sus esferas de intereses. Pero aun cuando suelan ser vistos como desconectados de muchas actividades o como indiferentes a las oportunidades sociales, se probó que la reducción de su actividad social y de experiencias novedosas les brinda cierta libertad de elegir vivir vidas emocionalmente más satisfactorias.

Victoria pírrica

Seguramente ninguna de las tres miradas en torno a la vejez -ni la despiadada ni la redentora ni la científica- agota por sí sola la complejidad de lo vivido, pues quien la vivencia en su singularidad puede identificarse en mayor o menor grado con una u otra de ellas. Pero en cualquier caso, quien transita esa etapa de la vida suele tener demasiado para darse y para dar a los demás, aunque el imaginario colectivo insiste en representarlo como muy distante de proyectos y sueños por cumplir.

Si la percepción social de la vejez es una construcción cultural, no alcanza a reflejar las diversas maneras en las que puede ser vivida; recuperar la vejez como lo que es, una etapa más de la existencia humana, nos compromete a todos: para quienes ya no son jóvenes, el desafío es resignificar esos años para legarlos a las generaciones más jóvenes, todavía indiferentes a ese futuro que se les antoja tan remoto como impensable.

Cuando ilusoriamente renegamos del tiempo vivido, aferrándonos a una perpetua juventud apócrifa, sólo obtenemos una victoria que, en un mismo gesto, nos condena. Victoria fallida porque, más tarde o más temprano, la vejez nos espera a casi todos los mortales. Y serán los mismos que hoy se vanaglorian de vencer el tiempo, las piezas sacrificiales de un efímero triunfo.

En Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar condensa este pasaje a la sabiduría cuando el emperador reconoce que ha llegado a "la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada. Decir que mis días están contados no tiene sentido; así fue siempre; así es para todos".

Al fin de cuentas, la vejez asusta porque preanuncia el fin de la existencia humana. Sin embargo, vivimos preñados de incertezas. Y una de ellas, como reza el proverbio, nos recuerda que "Nadie es demasiado joven como para no morir mañana ni demasiado viejo como para no vivir un día más". [giecoleon]

viernes, 13 de noviembre de 2009

Buen gusto del ensayo


Por Leo Castillo | © mediaIsla

El año 1571 Michel Eyquen, habiendo renunciado al cargo de Consejero del Parlamento, toma una de las más trascendentales decisiones en la historia del pensamiento: recluirse en el castillo de Montaigne con el propósito de entregarse ya para siempre a la lectura y meditación, como un camino que lo conduce hacia sí mismo, a lo largo y hondo de una drástica clausura que se prolongará veintiún años. En 1572, caballero de la Orden de San Miguel, gentilhombre ordinario de la Cámara del Rey, inicia la composición sistemática en una prosa cuidadosamente descuidada (*) de una numerosa serie de textos; "un habla simple e ingenua, tal en el papel cual en la boca; un habla suculenta y nerviosa, corta y apretada; no tanto delicada como vehemente y brusca; más bien difícil que aburridora; alejada de la afectación, desarreglada, descosida y audaz; cada trozo forma un cuerpo; no pedantesco, no frailesco, no abogadesco" que llamará, para siempre, Ensayos. Que la palabra es nueva, pero vieja la cosa, ya Bacon lo apunta.

Edmund Gosse ha declarado que el ensayo es "un escrito de moderada extensión, generalmente en prosa, que de un modo subjetivo y fácil trata de un asunto cualquiera". Este Proteo de los géneros literarios se caracteriza por la presencia explícita del autor, al punto que Michel, ya sin el apellido paterno Eyquen, sino de Montaigne, en nota del autor al lector advierte que se podrá encontrar con rasgos de su condición y humor, "porque es a mí mismo a quien pinto (…) yo mismo soy el asunto de mi libro". Tan personal es su ejercicio, que tiene de sus apetencias y rechazos, siendo trasunto fiel de su paladar, y sus ideas "sufren todos los síntomas de los fenómenos alérgicos", donde no se descarta aun el recurso de voces obscenas. Su carácter es incidental, indiferente incluso a todo plan riguroso, así que Guez de Balzac denuncia que en Montaigne cada frase podía ser un principio o un final, sabiendo el autor lo que estaba diciendo, pero no lo que iba a decir, algo como apuntes para un desarrollo ulterior. Desenfado, llaneza, una conversación junto al fuego, su carácter informal exige una pluma madura.

Entonces el periódico se convierte en un medio ideal para la práctica del ensayo, lo que comporta ciertos mortales riesgos, dado que el autor "en el ardor de la invención prodigará sus pensamientos en un exuberante desorden y el apremio de la publicación no tolerará que el juicio los revise o los modere", según se queja el doctor Johnson. Con The Tatler (1709) y The Spectator (publicación diaria entre 1711-12), Addison y Steele dan inicio a la gallarda tradición de los ensayistas en los periódicos. The Rambler, de Samuel Johnson (también mantiene el Idler), aparece dos veces por semana entre 1750-52.

Descartes, Pascal, el cáustico Voltaire, Rousseau… Pero tal vez Francia es almáciga, y la patria donde se aclimata el ensayo como originario sea Inglaterra: Swift, Coleridge, Hazzlit, De Quincy, Rushkin, Stevenson, Wilde, Woolf…, por no fatigar al lector, son una morosa lista que ilustra el aserto.

Habitualmente en Le Monde, The New York Times como en los más grandes diarios contemporáneos, se hayan ensayos que comprometen la crónica, la literatura, la ciencia o la historia. En Colombia, a falta de escritores, no hay más ensayistas en la prensa, que nuestros columnistas domésticos son los llamados de opinión igualmente doméstica, panfletistas, o bien literatos agotados en sus mezquinas y flebles consideraciones capillescas, el chisme gremial, sin cosa honorable que proponer.. [Leo Castillo, poeta y narrador colombiano]

Ana Istarú en tono mayor (III de III)


Por Miguel Aníbal Perdomo | © mediaIsla

El erotismo adquiere una nueva categoría, se torna trascendental. Y Ana Istarú se perfila como heredera del optimismo romántico o renacentista, lo cual, por supuesto, no significa ingenuidad. La poeta es consciente de la presencia del mal. No vive a ciegas: en medio de la exaltación vital de sus poemas se cuelan, como ráfagas de ametralladora, alusiones a los problemas de nuestro tiempo. Además del hambre, se mencionan las guerras fratricidas que asuelan Centroamérica, aliadas de la corrosión de la muerte, que su poesía ataca con ardor; al igual que la violencia contra la mujer:

un hombre que golpea a una mujer | mide puño |

sobre un estambre vítreo perturbable |fracturable | sobre cálcareas floras y osamentas . . .

un hombre que golpea a una mujer | asciende | hacia la nada

está vencido (100-01).

Se dice que casi todos los poetas temen a la muerte. En algunos casos esta condición asume ribetes neuróticos. Tal sucedía con Juan Ramón Jiménez, el Premio Nobel español, que desde su más temprana juventud vivió obsesionado con la Inexorable. Pero como dije ya, en la poesía de Ana Istarú la pugna vida/muerte adquiere un cariz singular y recuerda el poema "Rebelde" de Ibarborou en que la protagonista atraviesa el río Leteo cantando, y termina por seducir a Caronte, el barquero de la Muerte. El sujeto en los poemas de Ana Istarú asume la misma actitud desafiante:

soy animal | terrena| efímera por tanto

pero juro tomarle las muñecas | sollozando | mirando a gritos| el pedacito de aire que abandono| la luz a mis espaldas| y todo cuanto quise

voy a batirme| echándole a perder su regocijo (110).

No estamos aquí ante la conformidad al estilo de las coplas de Jorge Manrique, ni mucho menos se trata de la medieval Danza de la Muerte, donde esta tiene la última palabra. El amor a la vida intenta anular la resignación y la inermidad del ser humano cara a la Impostergable. El sujeto lírico sabe que la vida es difícil, pero como los renacentistas, comprende que es una experiencia maravillosa, la única que los dioses nos conceden.

El siglo XX se caracterizó en literatura por la constante ruptura con los movimientos precedentes –propio de la modernidad-, por el afán de novedad. Tanto que, según el filósofo argentino José Manuel Sebreli, la búsqueda obsesiva de la originalidad absoluta lleva este movimiento a ser incomprensible; renuncia a la comunicación con el público y elige ser elitista y a veces incluso solipsista para goce de su propio creador. Además, conduce a la falsa conclusión de que la incomprensión es inherente a toda gran obra de arte, que el aburrimiento es signo innegable de valor, y el público ha debido adaptarse a ese tedio (368-70).

En cambio, Ana Istarú ha creado una poesía de cuya permanencia nadie duda, sin que haya en la poeta ninguna obsesión formal. Es verdad que en algunos momentos prescinde de la puntuación y las mayúsculas –técnicas vanguardistas-, pero con frecuencia su poesía se acerca a estrofas clásicas, ensayando la métrica tradicional, el octosílabo y la rima asonante incluso. Así mismo su lengua poética nos recuerda la tradición española, a la Generación del 27 y a las poetas postmodernistas de Hispanoamérica. La originalidad de Ana Istarú la determinan su vitalidad y optimismo, que la conducen a modificar cualquier tema que toque, dándole un nuevo giro y presentándolo ante nuestros ojos desde una perspectiva novedosa.

No sorprende entonces que una de las figuras literarias más abundantes en los textos de Ana Istarú sea la anáfora, que surge de una gran compulsión comunicativa. Otro de sus recursos favoritos es la alegoría –muy del gusto medieval-, cuya gran plasticidad sirve para conferirles concreción a las ideas obsesivas, sobre todo a la muerte, la enemiga solapada, que es necesario identificar para tenerla a raya. La prosopopeya es otra valiosa figura usada en los poemas, que a veces recorre un camino inverso y va de lo animal a lo humano, pero la clave sagrada, es el amor; el sentimiento que subyace en todo el tinglado poético, lo que impulsa a las parejas al tálamo nupcial, a la fiesta del sexo y por último genera el milagro de la concepción y, en consecuencia, el parto, y la supervivencia humana. Así, el erotismo todopoderoso adquiere una dimensión muy original en estos poemas. Ana Istarú más que una rebelde, es la portavoz de la mujer nueva, anunciada por las postmodernistas de comienzos del siglo XX, y que acaba de nacer entre nosotros. BIBLIOGRAFÍA: Austerlitz, Paul. Merengue: música e identidad dominicana. Trad. María Luisa. Santoni. Santo Domingo: Secretaría de Estado de Cultura, 2007. Istarú, Ana. Poesía escogida. San José: Costa Rica, 2007. Sebreli, José Manuel. Las aventuras de la vanguardia. Buenos Aires: Sudamericana, 2000.

La narración y la Historia


Por AGUSTÍN GARCÍA SIMÓN | © Babelia

Antes de la escuela de Annales y de que el marxismo impregnara la interpretación de la Historia con pretensiones científicas y métodos capaces de generar leyes universales, la Historia escrita discurrió por cauces descriptivos y narrativos que, no obstante la dificultad del empeño, alcanzaron cumbres memorables. La estela que dejaron un E. Gibbon o un J. Burckhardt, si se quiere entrar en la Historia cultural más exquisita, bastarían para ilustrar un legado de belleza inmensa, en que la sensibilidad, intuición y precisión del lenguaje literario mostraron una forma de abordar los hechos y cultura del pasado perfectamente compatible con el rigor de la investigación y los métodos de su época.

Luego de un largo tiempo en que la historiografía estuvo mal vista si no iba, necesariamente, escoltada por un aparato crítico desmesurado, y flanqueada por un ejército sobrado de gráficos y estadísticas, para demostrar que la causa de la revuelta, la revolución o el conflicto social había sido la subida del precio del trigo, la narración y escritura de la Historia fueron recuperando lentamente su crédito como instrumento no sólo complementario y bello de la fría aportación documental, sino como el medio idóneo para hacernos comprender la condición humana. Al cabo, el placer y la instrucción que encierra la literatura se han unido de tal forma a la Historia en las últimas décadas que, con la tiranía del mercado y la ignorancia profunda de una sociedad culturalmente tan degradada como la nuestra, han borrado en el gran público de consumidores la distinción volteriana de Historia y fábula, y convertido el género de la novela histórica en uno de los productos más rentables del negocio editorial en la actualidad.

La novela histórica deseable sería aquella que sobre el cañamazo de la documentación rigurosa tejiera la reconstrucción fabulada de la Historia, con respeto escrupuloso al tiempo y espacio en que se desarrolle. Cualquier agresión o atropello a alguno de esos elementos arruina automáticamente el proyecto estético o convierte en mamarracho el intento. Otra cosa bien distinta es que lo deseable y vendible sea precisamente el mamarracho, la historia disparatada donde la ucronía y el anacronismo sustentan ficciones solamente entendibles o apetecibles por el neoanalfabetismo ambiente, que nutre un consumo lector masivo y aborregado, idiotizante.

La temprana sífilis de Carlos V, el hedor nauseabundo de la septicemia de Felipe II en las interminables semanas de su agonía o la irrefrenable y chulesca lascivia de Felipe IV, por echar mano de aspectos gruesos de nuestros propios austrias, son atractivos y hasta fascinantes motivos para la narrativa historiográfica o su misma fabulación, pero tan valiosa materia sucumbirá en el mismo momento en que aparezca el más leve asomo de manipulación, estupidez esotérica o grosería, que son, con otros muchos, los ingredientes que venden. La belleza auténtica de la reconstrucción histórica en clave narrativa, ya sea historiográfica o ficticia, creo que está en la verosimilitud estricta de lo descrito y contado, del engaste perfecto con que nuestra sensibilidad revive las sensaciones del pasado muerto y lo hace latente y perceptible. Así procedieron Graves, Lampedusa o Yourcenar, por ejemplo, y hoy siguen conmoviéndonos como el primer día. [Agustín García Simón (Montemayor, Valladolid, 1953) es editor y escritor. Autor, entre otras obras, del libro de relatos Cuando leas esta carta, yo habré muerto (Siruela. Madrid, 2009) y de El ocaso del Emperador. Carlos V en Yuste (Nerea, 1995)].

Juan Carlos Mieses: el exilio te permite repensar tu vida y tu país bajo una óptica desapasionada…


La presentación de El día de todos, la novela de Juan Carlos mieses está programada para este jueves 12 de noviembre a las 7:00 PM en el Teatro Guloya (Arzobispo Portes #12, Zona Colonial). Presentador: Manuel Mora Serrano


Por Ruth Herrera | © mediaIsla

Hace años que su residencia es el extranjero. México, Brasil, Francia se han convertido en sucesivas moradas. La distancia le permite posar la vista desapasionada sobre su país, el nuestro; le da libertad de pensamiento y le cura de prejuicios.

Poeta laureado en los años ochenta y noventa —dos premios Siboney y un Pedro Henríquez Ureña en su haber—, más el premio internacional Nicolás Guillén, otorgado en México y Cuba, Juan Carlos Mieses es un creador disciplinado y minucioso, abierto a lo imprevisible y a las sutilezas, a los rompecabezas de caracteres y destinos.

Juan Carlos Mieses Básico

Nació en Santa Cruz del Seybo (República Dominicana) en 1947. se licenció en Letras en la Universidad de Tolouse, Francia, país donde vive en la actualidad. Su carrera literaria se inició y expandió desde la poesía, género en el que ha publicado varios libros: Urbi et Orbi, premio Siboney de poesía (1983) y traducido al occitano; Flagelum Dei, premio Siboney de poesía (1985); Gaia, premio Pedro Henríquez Ureña de poesía (1991); Dulce et Decorum est… (1997) y Aquí, el Edén (1998). Su poemario Desde las islas fue escogido Premio Inernacional Nicolás Guillén, otorgado en México (2000). También es autor de cuentos y de obras teatrales llevadas a escena en su país, como Los siete sueños de Meuda-San (1991) y Ópera Merengue (1995). El día de todos es la primera novela que publica.

—Una novela thriller o de conspiración, pero desarrollada a ritmo de tambores, dioses y poderes del más allá. Una mezcla nada convencional, pero la novela me convenció, diríamos que "funciona".

—Es cierto que la carga emocional y el suspenso que arrastra la novela "El día de todos" acerca la novela a la definición de un thriller a lo anglosajón; esa impresión se debe también al hecho de que no haya realmente un personaje central, pero no estoy seguro de que sea esa la definición más idónea.

—Los tambores de la cultura haitiana, si no enfrentados, al menos trazando líneas paralelas a la oración silenciosa de los cristianos dominicanos. Dos mundos, dos naciones, dos visiones. ¿Tu apuesta se encamina hacia la convivencia, hacia el conflicto o hacia la dispersión? Dime primero como escritor.

—Los símbolos nos rodean, nos definen y nos sirven para demarcar toda clase de límites; los tambores en este caso son puertas a un mundo mágico; al igual que los hombres, los dioses hablan lenguas diferentes; Allah usa la voz humana, Jehová la del bronce, Damballah la del cuero y la madera. Por otra parte, como no tenía la menor idea de cual era la solución del conflicto ― me refiero al de la novela ―, un final que reflejara la incapacidad general de encontrar una simple solución al complejísimo problema de convivencia entre dos pueblos me pareció adecuado, así que opté por otras soluciones; por ejemplo, cada personaje llega a la conclusión lógica de sus propias acciones.

—¿No tenías la menor idea de la solución al conflicto o no te atreviste a darle una solución?

—El final de un libro depende en gran medida de su propia dinámica. Tal como la novela se fue formando resultó inadecuado un final que fuera al mismo tiempo una síntesis general. La multiplicación de los narradores exigía la multiplicación de las soluciones. Además, y eso lo descubro ahora, el hecho de que el conflicto que genera la acción no se resuelva, devuelve al texto parte del carácter verosímil que la trama inicial le había quitado.

—En tu novela, no puede decirse que "los malos" están de este lado y "los buenos" del otro. No es una novela maniquea, no estamos en las antípodas. ¿Los estereotipos e ideas preconcebidas o esquemáticas pueden contaminar el disfrute de una obra de ficción?

—Sin duda. Algunos lectores estarán más o menos inclinados que otros a disfrutar de una fantasía si ésta les recuerda algo importante para ellos o si no logran desligar lo real de lo imaginario. Así como la realidad, la de los hechos y la de los prejuicios, se inmiscuye en la creación también interfiere en la lectura. Contra los prejuicios el escritor tiene el escudo de su ética personal y profesional, pero la lectura también pone a prueba nuestros propios valores éticos y nuestra capacidad de abstracción.

—¿Esta novela es un grito de alerta, la concreción de una pesadilla (para algunos), un retrato de las víctimas, la denuncia de la indiferencia…?

—Para mí es sólo un reto de creatividad, un rompecabezas de situaciones, de caracteres y de destinos enfrentados a soluciones de orden técnico y a métodos que hay que reinventar para encontrar el camino hacia una síntesis final dentro de un ambiente dramático. Para el lector es una aventura diferente que se desarrolla en su interior echando mano a sus instintos, a sus ideas, a sus fantasmas o a sus convicciones políticas o religiosas. A cada lector toca rescribir el libro de una manera que será siempre diferente a mis intensiones o a mis pretensiones.

—Un poeta laureado pasa a la narrativa de largo aliento. ¿Significa una búsqueda de nuevos canales de expresión, de otros públicos, o de formas más adecuadas para lo que tienes que contar?

—A veces he querido escribir un cuento y me ha salido un poema como me sucedió con "Flagellum Dei". Otras he comenzado una carta y he terminado con un cuento como pasó con "Ay Rosalía". La novela es un género que permite una libertad diferente a la de la poesía. Mis novelas, hablo en plural porque escribiré otras, siempre han estado en mí, las he estado construyendo a lo largo de mi vida mientras hacía otras cosas. Creo que a todos, escritores o no, nos pasa lo mismo y arrastramos algunos proyectos hasta que llega un momento en que las condiciones espirituales, técnicas, de tiempo o de oportunidad nos permiten realizarlos.

—Tú ha hecho vida, y vida literaria, fuera de la isla. ¿Qué ventajas o desventajas tiene la distancia?

—Vivir en el extranjero aunque disfrutes de privilegios es siempre una forma de exilio y el exilio te permite repensar tu vida y tu país bajo una óptica desapasionada, ver el bosque desde una montaña, ver la tierra desde el suelo lunar, verte a ti mismo desde afuera. Te da una libertad de pensamiento que a menudo, en un ambiente de opinión más uniforme, no puedes acceder. Te cura muchos prejuicios y te pone en contacto con puntos de vista diametralmente opuestos a los tuyos. Te obliga a mirar dentro de ti con tus propios ojos y no con los ojos de los demás, pues en el extranjero eres como invisible y si quieres existir debes descubrir, hurgar en sus propias entrañas hasta dejar traslucir tu yo íntimo y verdadero.

—Dijo Susan Sontag que "la poesía debe ser exacta, intensa, concreta, significante, rítmica, formal, compleja". ¿Compartes estos calificativos? ¿Cuáles serían los tuyos?

—A la parte intelectual, racional del hombre le resulta difícil aceptar el carácter silvestre de algunas cosas. Susan Sontag era una mujer excepcional, y cuando uno posee una mente analítica, una sensibilidad y una erudición como la de ella es difícil no tratar de definir lo indefinible. Quizás la poesía es todo lo que ella dice, pero creo que nunca será sólo eso y siempre será más que eso. [Ruth Herrera, Repuublica Dominicana, periodista y editora]

Literatura. ¿Confrontación o sosiego?


Por Edgar Borges | © Rebelión
Fuente: mediaIsla, Boletín 1150

El gusto es libre. Y relativo. Hay muchas literaturas. Y es sano que así sea. Sin embargo, quizá hoy, como nunca antes, una niebla global cubre buena parte de la obra literaria (que descubrirán los exploradores de un tiempo futuro).

La literatura enfrenta al lector a su imaginación. El sólo hecho de pensar es un ejercicio que invita a replantear cualquier realidad, por muy absoluta que ésta se pretenda. Despertar la inventiva del lector ha sido trabajo importante para los escritores de cualquier época y género. Charles Dickens, por ejemplo, en su momento fue considerado un autor de éxito. Incluso, era poseedor de una habilidad que le permitía vender muy bien su obra y su imagen pública. Pero, en paralelo a este valor (que hoy, quizá sería considerado "comercial"), ¿quién podría negar el poder fabulador de Dickens que (como telaraña) le posibilitaba al lector el conocimiento de nuevas realidades? Para hacer creíble una aventura, es necesario (de parte del autor) ubicar, en su justo equilibrio, documentación y palabra. Hay otros escritores, un tanto más osados, que de manera planificada asumen el objetivo de incomodar al lector. Unos logran esto con el contenido y otros con el discurso; también hay quienes se valen de ambas estrategias para inquietarnos la existencia. Ejemplos hay muchos, desde el absurdo que, como telaraña, Franz Kafka arrojaba sobre historias cotidianas, hasta el juego laberíntico que proponía Julio Cortázar. En cada asesinato que cometía un personaje de Edgar Allan Poe había una apuesta por la indagación de la conciencia. Lo bestia y lo sublime, como en la vida, habita en los personajes de la literatura de confrontación interior.

No obstante, el siglo XXI nos ha caído encima con la saturación de una literatura de consuelo. Se trata de una avalancha de libros cuyo objetivo, más que enfrentar, pareciera ser estupidizar. ¿Quién dijo que La metamorfosis de Kafka o El extranjero de Camus no entretienen? Sí, entretienen a la estupidez mientras ponen a trabajar a la inteligencia. La literatura de consuelo asalta cualquier tema y lo banaliza, lo desdibuja, como si su función fuese darle a la palabra un uso adormecedor. En la otra acera, la de la madre calle, está la ficción que derrumba y construye realidades. Ya lo sabemos, la ficción es una mentira (otra realidad) bien contada. Pero, para lograr levantar historias confiables, hace falta, más que un tema, la convivencia entre documentación, verosimilitud y verbo. Lo que se le cuestiona a Dan Brown, por ejemplo, no es que pretenda (y lo pretende) contar historias de catedrales, sino el bajo nivel investigativo y verbal que dispone para alcanzar su meta (el otro día soñé que Dan Brown se había encontrado con Arthur Rimbaud en pleno desierto. El primero reaccionó como si se tratara de una pesadilla; mientras, el segundo, a larga distancia supo que todo era un espejismo).

Lo peor de estos espejismos es que a partir de que algo semejante se convierte en una realidad impuesta (por el mercado), aumentan los asaltos a toda clase de temas. Recuerdo el Fantomas que Julio Cortázar puso a luchar contra un exterminador de escritores. Se me ocurre que hoy necesitamos un superhéroe (quizá el mismo lector) que batalle contra los asaltantes de literatura.

A propósito de la publicación de Caín, la nueva novela de José Saramago, Pilar del Río, periodista y esposa del escritor, asegura que "estamos ante un libro que no nos dejará indiferentes, que provocará en los lectores desconcierto y quizá alguna angustia". Y, por si surgiera temor en algún posible lector, Pilar aclara que "la gran literatura está para clavarse en nosotros, lectores, como un puñal en la barriga, no para adormecernos como si estuviéramos en un fumadero de opio y el mundo fuera pura fantasía". Sobre el tema, el propio Saramago sostiene que escribe para "desasosegar profundamente" al lector.

Pero no nos alarmemos; la gran literatura goza de muy buena salud. Sólo ocurre que, en tiempos de niebla, anda transitando los subterráneos del mundo. [Edgar Borges, escritor venezolano.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los ateos tienen también su dios


El filósofo italiano Gianni Vattimo se pregunta los porqué del creciente interés por demostrar que Dios no existe.

Por Gianni Vattimo | © Clarin

Fuente: mediaIsla, Boletín 1150

¿Por qué tanto interés en demostrar que Dios no existe? Es una pregunta que, ciertamente, gente como Hitchens refutaría, o al menos zanjaría de inmediato, diciendo que la verdad merece ser conocida más allá o más acá de cualquier interés. Sin embargo, eso de por sí torna sospechoso su enfoque. Como enseñó Nietzsche, quien habla de la verdad como un valor supremo muestra que todavía cree en un dios último. Pero entonces, si no puede, y no debería, invocar el amor por la verdad, ¿por qué a Hitchens le preocupa tanto la demostración de la no existencia de Dios? Sobre todo, teniendo en cuenta que, como observan muchos semi-creyentes, si Dios existe, la verdad es que hace sentir muy discretamente su presencia.

Podemos aventurar una hipótesis, que vale no sólo para Hitchens sino para todos los numerosos ateos militantes que comparten su mismo programa. Quieren demostrar que Dios no existe porque "perturba", o mejor: porque constituye un límite para nuestra libertad. De ahí que tenga sentido oponer a Nietzsche al ateísmo racionalista de Hitchens y otros semejantes. ¿Someterse a la verdad es realmente mejor, para nuestra libertad, que someterse a Dios? Si tomamos, por ejemplo, el iusnaturalismo en la ética y la filosofía del derecho, someterse a la ley (derechos y deberes) "natural" ¿es realmente mejor que someterse a Dios?

Los ateos racionalistas deberían ser más coherentes. Tendrían que adoptar el lema que servía de título a un texto anárquico de hace un tiempo, de Hans Peter Duerr (si no me equivoco): Ni dieu ni mètre –ni dios ni metro–. Ni dios ni orden racional del mundo que deban ser respetados; o también: ni dios ni verdad científica asumida como base para una conducta racional. En suma: el orden objetivo que la "razón" descubriría en la realidad, y que estaría al alcance de la razón de "todos", es tan poco liberador, y peor quizá, que el dios de la tradición. Naturalmente, el dios cuya no existencia se demuestra según Hitchens es el dios de nuestra tradición –una entidad personal que habría creado al mundo y al hombre y con la cual el hombre puede ponerse en comunicación para conocer su voluntad, sus propósitos, su eventual plan de salvación–. ¿Podemos decir el dios cristiano? Si es así, y creo que es así, considerar a este dios como un obstáculo a la libertad y a la responsabilidad del hombre tiene poco sentido; o por lo menos, se funda en un error, pues de quien nos quieren liberar es del dios-poder que quiere imponernos su autoridad a través de todo tipo de exigencias y prohibiciones. En esto, puedo estar más de acuerdo con Hitchens que un creyente.

Para los creyentes, al contrario, justamente para salvar la propia fe, sobre todo en este momento de la historia en que el multiculturalismo nos ha hecho conocer tantas experiencias religiosas distintas, es decisivo separar a dios de toda disciplina clerical, de toda pretensión de poder de imposición sobre la libre elección del hombre. Desde el punto de vista del interés por la libertad, en cambio, se debería reconocer que la idea de un dios personal que nos comunica su voluntad y sus propósitos es mucho más aceptable que la de un orden objetivo que, ciertamente, como en Spinoza, nos invita a "no llorar ni gozar, sino solo entender" la necesidad lógica de todo. No precisamente un gran avance para la libertad que se intentaba salvar.

Es cierto que de este dios tenemos noticias sólo a través de textos mitológicos, nunca lo descubrimos en una experiencia sensible o mediante un procedimiento científico ordenado. No es un "fenómeno", diría Kant; o, como escribe en cambio más claramente Bonhoeffer, "un dios que está (como una cosa, un objeto de posible experiencia) no está". Y sin embargo, todos tenemos el sentimiento, sí, como una impresión de fondo de la que no podemos liberarnos, de que nuestra existencia fue hecha posible, en sus aspectos afectivos, de evaluación, de elecciones morales, solo por esa herencia mitológica, en cuyo interior, por otra parte, maduró también la mentalidad científica de la que Hitchens quiere ser defensor.

El dios cuya no existencia es demostrada (sin turbarnos en absoluto) por Hitchens es el que, por el contrario, pareció tan a menudo demostrable (de San Anselmo a Descartes) a los filósofos; si ese dios existiera, adiós libertad, estamos de acuerdo. Pero es justamente el "dios de los filósofos", al que ya Pascal consideraba poco creíble. Las iglesias, y en primer lugar la Iglesia católica, pensaron que debían predicar al dios de Jesucristo como si fuera ese dios "demostrable"; y cometieron ese error por puros motivos de poder –el Dios que la razón "demuestra" parece portador de una autoridad más absoluta y universal (pensemos en cómo la Iglesia insiste en el hecho de que "por naturaleza", el matrimonio "naturalmente" heterosexual es indisoluble, y así puede prohibir el divorcio también a los no creyentes. Y así sucesivamente). El dios en el cual siguen creyendo los creyentes no tiene nada que ver con el dios, inexistente, de Hitchens. Su libro puede, en cambio, ayudar a todos a liquidar la siempre resurgente tentación de identificar la palabra divina con alguna autoridad despótica, llámese la iglesia o la "ciencia". [giecoleon]

viernes, 6 de noviembre de 2009

Encapuchados vuelven a protagonizar protestas en la UASD pese a resolución que lo prohíbe


Los jóvenes con losrostros tapados desafían la decisión de las autoridades de la UASD que hicieron circular una resolución en la que prohibían manifestarse con capucha dentro del Campus.

Fuente: listindiario.com

Santo Domingo.- Un grupo de encapuchados inició una protesta en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde lanzaron piedras y objetos a las calles, lo que provocó la intervención de la Policía Nacional la cual tuvo que lanzar bombas lacrimógenas para dispersar a los manifestantes. Los jóvenes con los rostros tapados desafían la decisión de las autoridades de la UASD que hicieron circular el pasado 9 de septiembre una resolución en la que prohibían manifestarse con capucha dentro del Campus. En ésta se indica que serán expulsado todos los estudiantes que se manifiesten con la cara tapada

La manifestación se inició a las 11:30 de la mañana en la puerta principal de la avenida Alma Mater, donde algunos de los encapuchados manifestaron que la protesta se inició en apoyo a los estudiantes heridos ayer en una manifestación en el recinto de la UASD en San Francisco de Macorís.

De inmediato las autoridades de la UASD expresaron su rechazo a la manifestación, y anunciaron que el Consejo Universitario se reunirá en los próximos días para tomar medias sobre el asunto.

El rector en funciones, Iván Grullón, quien habló en sustitución de Franklin García Fermín, que está fuera del país, dijo que tomarán medidas drástica, que incluirán hasta la suspensión de los estudiantes que participen en las protestas.

Indicó que ese tipo de manifestación en el Campus Universitario, se realizan sin ningún fin concreto, tras asegurar que la docencia no será suspendida.

Señaló que tomarán las medidas necesarias para que la protesta no degenere en problemas mayores.

Los estudiantes corrían de una puerta a otra para escapar de los gases lacrimógenos lanzados por los policías.

Mientras que los comerciantes que venden en los alrededores del campus se marcharon del lugar.

De su lado, el director del Centro Regional del Nordeste, confirmó que ayer un grupo de estudiantes se manifestó en la parte frontal de la UASD en reclamo de construcción de obras como la biblioteca, el comedor, el drenaje pluvial y la facultad de medicina, pero aseguró que todo volvió a la normalidad.

Rafael Álvarez indicó que dialogaron con los dirigentes estudiantiles y que éstos le dieron un plazo hasta el martes para atender sus reclamos.

Jueces revocan libertad de Sobeida Féliz, vinculada a decomiso US$4.6 millones


Los jueces sostienen que para un imputado ser favorecido con una medida de coerción consistente en garantía económica el acusado deberá poseer negocios o trabajo.


Fuente: listindiario.com

Santo Domingo.- Los jueces de la Tercera Cámara Penal del Distrito Nacional revocaron esta tarde la orden de libertad emitida a favor de Sobeida Féliz Morel, vinculada al decomiso de 4.3 millones de dólares en un apartamento del sector La Esperilla, en la Capital.

Los magistrados Ignacio Camacho Hidalgo, Manuel Vinicio Bonelly Vega, Nancy Joaquín Guzmán e Ysis Muñiz Almonte adoptaron la decisión al revocar una medida de coerción dictada por la jueza del Séptimo Juzgado de la Instrucción que le otorgó una garantía económica, impedimento de salina y presentación periódica.

“Procede declarar con lugar el recurso revocado a la resolución impugnada y restituir la medida de coerción dictada originalmente, con todas sus consecuencias”, expresaron los jueces tras acoger el recurso de apelación presentado por el fiscal del Distrito Nacional en contra de la decisión tomada por la magistrada Rosanna Vásquez.

El tribunal para revocar la orden de libertad tomó como argumento que hay que tomar en cuenta que el hecho imputado acarrea una plena privación de libertad de naturaleza grave que podrían implicar penas de hasta 10 años de reclusión.

Señala, además, que hay una inexistencia de arraigo laboral y de las inexactitudes que se evidencian en torno al domicilio real de la imputada.

Indica que la jueza que emitió la orden de libertad sostiene que Sobeida calificaba para ser favorecida con una garantía económica, sin tomar en cuenta que no se le presentó prueba, ni de su situación laboral, ni económica y que incurrió en una incorrecta “fijación del hecho de que se le pretendía establecer el arraigo”.

Los jueces sostienen que para un imputado ser favorecido con una medida de coerción consistente en garantía económica el acusado deberá poseer negocios o trabajo, o que demuestre tener una situación económica estable que justifique la no necesidad de pagar o de poseer negocios, lo cual no quedó establecido por la jueza de la instrucción que conoció la solicitud de revisión de medida de coerción.

Esta tarde el fiscal convocó a los medios de comunicación a una rueda de prensa para fijar su posición en torno a la decisión de los jueces de la corte de revocar la libertad de Sobeida y para dar una explicación sobre si ésta huyó del país o no.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Postura del PRD ante los recursos de inconformidad que el PAN presentó ante el TCA


El Secretariado Estatal del Partido de la Revolución Democrática (PRD) manifiesta su postura ante las demandas que el dirigente estatal del Partido Acción Nacional (PAN), Fernando Torres Graciano, interpuso ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA) por el nombramiento de contralores en los municipio de San Miguel de Allende, San Luis de la Paz y Valle de Santiago.

De acuerdo con el argumento de Torres Graciano, en los dos primeros casos el PAN tiene derecho al nombramiento de contralores municipales; asimismo, se inconforma porque, en el tercero, teniendo derecho, fue rechazada la propuesta panista.

En los tres casos, los ayuntamientos cumplieron y aplicaron cabalmente la norma correspondiente. Baste señalar que la Ley Orgánica Municipal para el Estado de Guanajuato establece:

ARTÍCULO 115. El control interno, evaluación de la gestión municipal y desarrollo administrativo, estarán a cargo de la Contraloría Municipal, cuyo titular será propuesto por la primera minoría a través de una terna, en la sesión siguiente a la de instalación del Ayuntamiento y será designado en dicha sesión. (Párrafo reformado. P.O. 28 de diciembre de 1999)

Se entenderá por primera minoría a los integrantes del Ayuntamiento, cuya planilla haya obtenido el segundo lugar en votación en la elección del Ayuntamiento en funciones. (Párrafo reformado. P.O. 28 de diciembre de 1999)

En los municipios de San Miguel de Allende y San Luis de la Paz, el PAN obtuvo el mayor número de votos en la jornada del 5 de julio pasado, y, por ende, tiene la mayoría de regidores en el Ayuntamiento; la primera minoría corresponde al partido que tuvo el segundo lugar en las votaciones, independientemente de si su abanderado o abanderada participó o no bajo la fórmula de candidatura común (la ley no contempla excepción para estos casos).

Este principio fue avalado y documentado por el Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG), quien determinó que en San Miguel de Allende la primera minoría corresponde al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y en San Luis de la Paz al PRD.

En lo que se refiere a Valle de Santiago, el mismo artículo 115 señala:

Cuando por cualquier causa la primera minoría no ejerza su derecho, el contralor municipal será designado por mayoría absoluta del Ayuntamiento a propuesta de cualquiera de sus integrantes, en la sesión ordinaria siguiente a la referida en el primer párrafo de este artículo. (Párrafo adicionado. P.O. 28 de diciembre de 1999).

Como la propuesta presentada por la primera minoría panista no cumplió con los requisitos que marcan las disposiciones municipales, la segunda minoría, el PRI, presentó una propuesta que sí reunió los requerimientos y que fue aprobada por el pleno.

En todos los casos, se cumplió lo dispuesto en el artículo aludido:

El Ayuntamiento tendrá por designado como contralor municipal al integrante de la terna que haya obtenido el mayor número de votos de los integrantes presentes del Ayuntamiento. (Párrafo reformado. P.O. 28 de diciembre de 1999)

La dirigencia estatal del PRD tiene la convicción de que el TCA refrendará lo señalado en la ley.

Che Guevara, aprendimos a quererte: La semblanza humana del Che


Por Ernesto Joaniquina Hidalgo
Fuente: poetasdelmundo.com

SUECIA: Al repasar la carta que el comandante Ernesto Che Guevara escribiera a sus tiernos hijos el día en que partió al país de la fatalidad, cuanta sensibilidad existe en este enunciado:'… Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario…

El Che Guevara, el legendario comandante que libró contiendas por ese arduo sendero hacia la liberación del pueblo cubano trazando así con sus actos de proeza y lealtad una historia singular, una epopeya universal de altruismo y de entrega a la causa de los parias, de los sempiternamente excluidos de esta orbe, con su gesta rebelde nos decía: ” Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado” y así se marchó con el futuro al hombro con esa su férrea coraza de amor a los pobres y contra los necios e indolentes tentáculos del imperio, pero precedente al clásico perfil de Korda, de aquella clásica foto que recorrió el mundo, era el ser humano más sensible, más allá de la convicción de sus ideales y de empuñar el fusil para liberar a los pueblos, era un hombre íntegro que tenía todas las prerrogativas de un buen ser humano y padre de familia, valores que sólo se forman en esa simbiosis de vida desde el vientre materno y esa compleja formación de valores ético-morales que se concibe y se alimenta a partir del entorno familiar y su contexto. Caudales de humanismo que posteriormente los supo plasmar en el amor y la lealtad a los pueblos como el adalid de su tiempo.

Desde que le tocó asumir su labor revolucionaria en la Joya del Caribe, luchó denodadamente contra los antivalores del mundo capitalista, desterrando el oprobioso individualismo y el egoísmo del hombre que nos va dragando la médula. Con su ejemplo y su siempre risueña sonrisa demostraba que era indispensable ser laborioso en esta construcción del hombre nuevo, aún más si uno es líder, debe ser el primero en dar el ejemplo de trabajo y llevar a la práctica los postulados revolucionarios, fueron muchos los ejemplos de trabajo que compartió con el pueblo cubano.

La generosidad fue otro de los valores intrínsecos del Che, traducidos en la equidad, la justicia y la solidaridad, valores que no conoce el mundo capitalista. Estos valores humanos son los que rescatamos en esta faceta del hombre nuevo que el Che inspiró con su ejemplo, pues la paradoja de la vida nos demuestra que el ser revolucionario no siempre está ligado al guerrillero belicoso que parte con la carabina en la mano rumbo al monte, sino a ese partisano que también imparte amor, ternura y comprensión a sus hijos y los hijos de la patria liberada en cuyo sitial la mujer forma parte inseparable de las vicisitudes del sacrificio.

Nos legó el ejemplo de que ser revolucionario es no ser soberbio, falsario, corrupto y machista, pero cuantos de esta especie de revolucionarios existen? o cuantos seudo-revolucionarios ejercen la violencia en sus hijos y esposa?, el verdadero revolucionario es aquel que se reencuentra con lo humano, que está más allá de la vanidad personal, del protagonismo, del caudillismo y de todo lo mesiánico que da el poder, el hombre nuevo es aquel que tiene como arma la verdad, la justicia y es el ser capaz de seguir amando y soñando para cambiar este mundo de injusticias.

El aporte y el ejemplo del Che es tan patético en un país como Cuba que pese al inhumano bloqueo económico por decenios supo sopesar sus necesidades y vencer como David a Goliat todo pronóstico fatalista del imperio, pues hoy es Cuba el país donde todos comparten lo que se tiene y no se conoce la palabra indigencia y menos niños olvidados como sucede aún en nuestro volcánico continente donde bulle la miseria humana a plétoras y nos impulsa a seguir luchando pues la esperanza y la utopía como bien lo decía Fernando Birri nos sirve para caminar y caminamos convencidos de que un mundo nuevo con justicia social es posible.

Úbeda en la Poesía


Por María Sánchez Fernández
Fuente: poetasdelmundo.com

ESPAÑA: Nuevamente el auditorio del Hospital de Santiago de Úbeda se ha vestido de gran gala en este año 2009 en el que vivimos. Ayer, día seis de octubre a las ocho de la tarde abrió sus puertas de hermosa rejería renacentista para acoger con todos los honores a un grupo de poetas venidos de Madrid y de Málaga. Autoridades, medios informativos y un gran público recibió con entusiasmo a estos portadores de la palabra escrita y declamada.

Se trataba de escuchar a la gran poeta y escritora Francisca Aguirre, esposa del muy laureado escritor español y Premio Nacional de Literatura 1978 Félix Grande; a José Sarria, poeta y escritor malagueño de exquisito verso y palabra; a José García Pérez, también genial poeta y escritor malagueño y Presidente de la Asociación Colegial de Escritores Andaluces que deleitó al público con su poesía y gracejo.

Abrió el acto con unas hermosas palabras de bienvenida el representante de una entidad bancaria, patrocinadora del evento, en las que expuso con la más exquisita sencillez la inquietud de nuestra sociedad actual por la difusión de la poesía y las artes en general dentro de nuestra cultura.

Seguidamente el mundo se paró, se sosegó como una gran presa, para después abrir sus esclusas y dar entrada a un torrente de sentimientos hechos verso.

Fue una velada íntima, entrañable, ininterrumpida, en la que el tiempo pasaba sin ser notado, en la que los poetas se sucedían en versos, alternándose, dándole al recital un colorido de estilos, de frescura, de vivencias, de matices, mientras un público absorto escuchaba en el más absoluto silencio para después, al final, prorrumpir en un caluroso aplauso.

¡Hermosa velada que terminó con una cena íntima en un céntrico restaurante y en la que pudimos compartir conocimientos, opiniones, anécdotas e incluso risas mientras hacíamos un brindis por la amistad basada en la Poesía!

Una vez más Úbeda se abre al arte. Repiquetea con alegría, como una campana al aire que es volteada por esos eternos impulsos renacidos cada día que quieren acunarla y adornarla aunque en ella se asientan desde siglos, desde siempre, los más puros sentimientos del hombre hechos materia, música o palabra.

Chile se rinde ante Poetas del Mundo


Por David Altamirano Hernández
Fuente: poetasdelmundo.com

CHILE: Mágico fue el viaje realizado por poetas representantes de África, Europa y América Latina a Chile, en lo que fue el 5º Encuentro Internacional de Poesía “OCTUBRE: Tras las Huellas del Poeta” organizado por el Movimiento Poetas del Mundo, actividad que simboliza la relevancia alcanzada por nuestros nobeles, Pablo Neruda y Gabriela Mistral.

Chile se rindió ante la presencia de los Poetas del Mundo, una caravana que se inició en Santiago en la casa La Chascona de Neruda, para luego recorrer las ciudades de Valparaíso, Viña del Mar, oportunidad en que los literatos inundaron de poesía las calles, monumentos y palacios.

Es la nueva era de este movimiento que se inició hace cuatro años en Valparaíso y cuyo creador y actual secretario general, el chileno Luis Arias Manzo, ha sabido imponer a través de la palabra, un mensaje esperanzador para la humanidad, para terminar con las guerras, el hambre y el daño que sufre el planeta como consecuencia de la contaminación a causa del hombre. Es el grito de quienes están convencidos de cambiar los destinos del mundo para evitar la destrucción total.

Chile fue el escenario de la poesía. El recorrido contempló también la ciudad de Rancagua, donde los poetas tuvieron el privilegio de compartir con la viuda del escritor Oscar Castro, la señora Isolda Pradel, la que a sus 89 años, aún tiene vivo el recuerdo del poeta.

La tumba de Neruda en Isla Negra y el sepulcro de Vicente Huidobro en Cartagena, fueron otros de los sitios visitados por los literatos para propagar el espíritu poético por el aire.

En cada parada una sesión de poesía. Los poetas y escritores de Melipilla, de donde es oriundo Luis Arias Manzo, también tuvieron su turno. Luego el recorrido continuó por el Palacio de la Moneda, donde los poetas pudieron conocer la triste historia que desembocó en el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 junto al lugar exacto donde el presidente Salvador Allende, muere.

La Biblioteca Nacional fue otro de los espacios para presentar esta vez ponencias, lecturas de poemas y libros de los cuales se cuenta entre otros la Antología Poética de escritores mexicanos, presentado por la poeta de ese país, Marisa Trejo Servent y el libro 'Chile, vidriera viscosa' de la escritora chilena Nilda Correa Vives, el que fuera presentado por el Ex Senador Jorge Lavandero Illanes.

Todo el recorrido, que incluyó las ciudades de la provincia de Choapa y provincia de Elqui, fueron destacados por los literatos, quienes resaltaron el espíritu de cultura existente en nuestro país y que debe ser difundido, según destacó la poeta proveniente de Medellín, Colombia, Maricela Botero Sánchez

“Feliz porque la gente de Chile cultiva toda esa tradición, el amor por Pablo Neruda, por Vicente, Gabriela Mistral, Oscar Castro, quedé totalmente sorprendida. No parece siquiera un país de Sudamérica, veo mucha cultura, veo mucha diversidad. Poetas del Mundo ha logrado tocar los corazones de muchos países y estamos aquí en la Casa de la Moneda dejando huellas”, precisó.

Solo agradecimientos para la organización tuvo el poeta del país Vasco, Igor Elorduy Calleja, “Reitero lo que he comentado, nos han recibido como dioses en todos los lugares que hemos estado, es un poco contra reloj, que nos echan las horas encima, pero la verdad es que el esfuerzo ha merecido la pena y lo que he comentado en la Biblioteca Nacional es que pena que el día no tenga más horas para disfrutar en más extenso”

Sorprendido por su parte, se mostró Nicolás Zimarro Brawo, también del país Vasco.
“Chile era un país que no conocía, uno de los pocos de Sudamérica que no conocía y me ha permito conocer además a poetas de diversas nacionalidades, poetas del mundo, a la gente chilena. Esto me ha producido unas vibraciones extraordinarias, yo soy ciego y ahora siento, vivo y hasta tengo sensaciones de destellos de visión”

Las autoridades de Choapa fueron coincidentes al destacar el peregrinaje de los Poetas del Mundo, quienes a través de la palabra, pudieron llegar a este rincón de la región de Coquimbo, precisó el alcalde de Illapel, Denis Cortés y Gobernadora de Choapa, Guisela Mateluna, “Impresionado por la diversidad de cultura y por el intercambio cultural que se produce en Illapel, en la provincia y el país. Conocer a los poetas del mundo ha sido simplemente muy impresionante para mi” señaló el alcalde Cortés.

“Contentísima porque hemos sido partícipes de un encuentro fraterno, cordial, cargado de poesía, de palabra y todo esto gracias a un hombre nuestro de Choapa, David Altamirano, quien ha aunado voluntades para disfrutar de la presencia de los Poetas del Mundo unido a un sentimiento de paz y hermandad”, precisó la Gobernadora Mateluna.

En Coquimbo, el alcalde, Oscar Pereira fue sorprendido por la fuerza de la palabra entregada por los Poetas del Mundo en el encuentro realizado en el Centro del Diálogo de las Civilizaciones Mohamed VI ubicado en el sector alto de la ciudad, oportunidad en que escritores compartieron la palabra. “Esto le hace muy bien a nuestra gente, a nuestra cultura, sólo me queda agradecer a todos los Poetas del Mundo por estar en nuestra comuna”, indicó Pereira.

El Valle de Elqui fue el punto final del encuentro. La Tumba de Gabriela Mistral simbolizó el cierre de esta maravillosa actividad, según precisan los literatos.

Fueron diez días de poesía, de versos y palabras que inundaron la zona central del país, en una actividad inédita, ya que son los propios poetas quienes financian el recorrido, sin ayuda de entidad gubernamental alguna en Chile, sólo con el esfuerzo personal de los llamados poetas de alma o de de instituciones en su país de origen.

sábado, 31 de octubre de 2009

SECRETARIO DE LA JUVENTUD CALIFICA DE EXITOSO SEMINARIO CELEBRADO EN WASHINGTON


POR EMMANUEL SOLANO
Enviado especial

WASHINGTON.-El Secretario de la Juventud, licenciado Franklin Rodríguez, calificó de exitoso el seminario acerca de la gobernabilidad, llevado a cabo en esta ciudad norteamericana.

Rodríguez precisó que el seminario titulado "transformando crisis en oportunidades", que es la séptima edición del proyecto de Comunicación y Marketing Público que realiza la Universidad de Washington, lo destacó como de trascendental debido a la calidad de los expositores y a los temas tratados en el mismo.

Entre los temas tratado figuraron Manejo de Imagen y Manejo de Crisis, Estrategias para una Adecuada Comunicación Política; caso de Estudio, Terremoto de Abruzzo”, Italia, a cargo de Stefano Rolando; Comunicación de Crisis en Campañas Electorales, a cargo de Valeire Biden Owens; Redacción de Discursos en Tiempos de Crisis, a cargo de John Mc Connell; Manejo de la Crisis en el sector privado, a cargo de Tom Mattia y Roger Conner y Michael Edwards.

Además Estudios de los casos de Crisis de Colombia, Honduras y Ecuador a cargo de los expositores César Velazquez, Víctor Rico y Ralph Murphine. Así como también fueron abordados los temas Comunicación Política en Asuntos de Seguridad Pública y se tomaron como casos de estudios Guatemala y República Dominicana, a cargo de los profesores Eduardo Gammarra y Roberto Isurieta.

Por su parte el Secretario de Estado de la Juventud significó que en este seminario participaron 60 comunicadores sociales de la República Dominicana como parte de los acuerdos que lleva a cabo esa Secretaría con la Universidad de Washington, lo cual señaló que esos cursos de construcción de Imagen de Gobiernos y Manejo de Crisis y de Gobernabilidad Política contribuyen mucho con la capacitación de los participantes y con la gobernabilidad del país.

El licenciado Franklin Rodríguez agradeció a las autoridades de esa prestigiosa universidad en la cabeza de Roberto Izurieta y David Menesse, por sus aportes y felicitó a los jóvenes comunicadores que estuvieron presentes en dicho seminario por haberse portado tan bien y manteniendo la comunicación permanente como todo un equipo.