miércoles, 2 de diciembre de 2009

La pandemia del consumismo


Por Jorge Majfud | © UN Chronicle
Fuente: mediaIsla, Boletín 1153

Los períodos de calentamiento global no son un invento humano. Pero los humanos hemos inventado la forma de convertir un ciclo natural en una anomalía. Su gravedad puede exceder la tragedia de una, de muchas bombas atómicas, pero no vemos la explosión porque vivimos dentro de ella, porque se parece al incontestable capricho de la naturaleza ante el cual solo cabe resignarse.

Los gobiernos del mundo están demasiado ocupados tratando de salvar a la humanidad de "la gran crisis" —la crisis económica—, estimulando el mismo consumo que nos está llevando a la catástrofe. Si la destrucción global aún no ha alcanzado la catástrofe tan temida, es sólo porque el consumismo no ha alcanzado aun los porcentajes tan deseados. En este delirio colectivo, confundimos desarrollo con consumismo, éxito con despilfarro, crecimiento con engorde. La pandemia es considerada un síntoma de buena salud. Su éxito ha sido tan abrumador que no hay ideología ni sistema político en el mundo que no esté concentrado en reproducirla y multiplicarla.

Las nuevas tecnologías podrían ayudar a disminuir las emisiones de dióxido de carbono, pero es improbable que sean suficientes ante un mundo que recién se encuentra en los inicios de su capacidad para consumir, dilapidar y destruir. Pretender reducir la contaminación ambiental sin reducir el consumismo es como combatir el narcotráfico sin reducir la adicción de los drogadictos.

El despilfarro irracional del consumismo no tiene límites; no ha evitado la muerte de millones de niños por hambre pero ha puesto en peligro la existencia de toda la biósfera. Si el exitoso consumismo no es reemplazado por la olvidada austeridad, pronto deberemos elegir entre la guerra y la miseria, entre el hambre y las epidemias.

Está en manos de los gobiernos y en manos de cada uno de nosotros organizar la salvación o acelerar la destrucción. La Conferencia sobre el cambio climático de Copenhague es una nueva oportunidad para evitar la mayor catástrofe que nunca ha enfrentado la Humanidad. Procuremos que no sea otra oportunidad perdida, porque no disponemos de todo el tiempo del mundo. [Jorge Majfud, Linconl University]

El lenguaje de la sinfonía


En un extraordinario trabajo, el semiólogo musical francés Jean-Jacques Nattiez analiza el papel imprescindible que desempeña la música en una obra como En busca del tiempo perdido.


Por Federico Monjeau | © Revista Ñ
Fuente: mediaIsla, Boletín 1153

Antes de entrar en la fascinante investigación proustiana del semiólogo musical Jean-Jacques Nattiez, no estaría de más repasar ciertos puntos de la relación música y literatura y establecer algunos modos en cómo la primera se ha representado en la novela moderna. Vienen rápido a la mente tres modelos bien diferenciados, lo que por supuesto no quiere decir que no haya otros. El Dr. Faustus de Thomas Mann es tal vez el mayor ejemplo de la representación de la música en la novela de ideas; por momentos es teoría musical en estado puro, al punto que para su redacción Mann solicitó la ayuda del filósofo y compositor T. W. Adorno. Para decirlo en dos palabras, en el Dr. Faustus se trata de mostrar cómo la historia de la música y la historia de Alemania se inscriben en una sonata de Beethoven o en una invención técnica de Schoenberg.

En las antípodas de ese modelo crítico objetivista se define la dimensión musical del Ulises de Joyce, que se representa de varias maneras de una punta a otra de la novela pero que se consuma en el audaz salto del capítulo 11, organizado como una obertura en la que primero se enumeran los motivos (palabras sueltas, pequeñas frases) que se desarrollarán a lo largo del capítulo sin una lógica narrativa aparente. Podía decirse que si la música se presenta en la novela de Mann como un objeto de reflexión crítica, en el Ulises lo hace miméticamente, aunque podría dudarse de si el casi onomatopéyico capítulo 11 constituye el elemento mimético más significativo del Ulises; por el contrario, se podría postular que lo decisivamente mimético del Ulises no radica en una seudo música sino en la renuncia a toda generalización, a toda mediación conceptual explícita.

La elaboración musical de En busca del tiempo perdido se ubicaría en la tercera punta del triángulo. En Proust la música siempre llega desde la perspectiva del oyente. Su reino es la metáfora, aunque podría hablarse de una metáfora en diferentes escalas; desde las primeras apariciones de la frase de Vinteuil, ante las que la narración persigue figuras esquivas –fracasando hermosamente, por decirlo así–, hasta la metáfora radical que se descorre, por ejemplo, cuando la narración, ya bien avanzada la Recherche (en La prisionera), asocia el recuerdo de esa frase musical con la memorable descripción de un paseo en coche por los alrededores de Balbec (que tuvo lugar en el segundo volumen), cuando unos árboles alineados se le aparecen al Narrador como si le estuviesen formulando una acuciante pregunta. En la asociación proustiana, la expresión de la música se asemeja a la de la naturaleza, y nada más hermosamente persuasivo podría haberse dicho a propósito del carácter enigmático de ambas expresiones.

Pero la música, tanto en su forma ideal (las obras de Vinteuil) como en su forma real (dramas de Wagner o cuartetos de Beethoven), constituye una trama riquísima en la novela de Proust, y difícilmente otra investigación la haya captado tan agudamente como la de Nattiez.

Por detrás de los objetos ideales se encuentra un horizonte histórico, que es lo que Nattiez llama el espacio poiético: "El horizonte a partir del cual el artista, el escritor o el filósofo elaboran su propia concepción del mundo, sus propias ideas, su propio estilo". Y el horizonte musical proustiano es, en rigor, más alemán que francés: no menos que Wagner y Beethoven, la estética de Schopenhauer define el fondo de la Recherche.

Nattiez traza el paralelo Proust-Wagner en más de un frente. No sólo en las citas explícitas o implícitas, sino en la naturaleza de ambas producciones artísticas; es evidente que Proust se identifica con la búsqueda de unidad y con la gran extensión (en la obra misma, como también en la vida del autor) de la empresa wagneriana, que tiene su culminación en la Tetralogía. Pero la novela de Proust también está orientada por un ideal redentor wagneriano, que encuentra en Parsifal su gran coronación. Nattiez reconstruye las referencias a ese drama y en particular al Encantamiento del Viernes Santo en los borradores de El tiempo recobrado (edición Henri Bonnet, 1982), referencias que serán estratégicamente suprimidas en la redacción final de la Recherche, donde lo real se reemplazará por lo ideal. Escribe Nattiez: "A partir del momento en que Proust tuvo la idea de que el absoluto artístico se revelaría al Narrador por el intermedio de una obra musical, y que esta obra sería la amplificación de la misma Sonata que había conducido a Swann al fracaso, no había ninguna razón para conservar, en Le temps retrouvé, una referencia concreta a Parsifal. Era necesario que el Narrador conociera la revelación gracias a una obra de arte imaginaria, pues en la lógica de la novela, una obra real es siempre decepcionante: la aprehensión del absoluto sólo puede ser sugerida por una obra desencarnada, irreal e ideal". Pero hay otro elemento en esta sustitución, que es el partido por la música pura que toma Proust. Agrega Nattiez: "Esta obra debía ser una pieza de música cuyo contenido no fuera transmitido por el lenguaje: en ese sentido, un fragmento de ópera [...] no podía convenir. Y no es casual que, en uno de los esbozos, se lo vea a Proust dudar entre un cuarteto y una sinfonía."

La obra ideal funciona como elemento de revelación y redención. La Sonata había conducido a Swann al fracaso, pues estaba asimilada a su enamoramiento de Odette, como también al amor del Narrador de Albertina. Escribe Nattiez: "El narrador puede tener acceso a la revelación sólo cuando ha logrado sobrepasar las ilusiones del sentimiento amoroso, sobre todo después de la penosa experiencia del beso de Albertine, de la misma manera que Parsifal, después del beso de Kundry, es capaz de asir el misterio del Grial y triunfar allí donde Amfortas fracasó. Parsifal alcanza la comprensión perfecta en el momento de escuchar El encantamiento del viernes santo; el Narrador, al escuchar el Septeto [de Vinteuil]".

Nattiez reconoce tres etapas en la búsqueda del absoluto artístico proustiano, que coinciden con los tres momentos de la comprensión musical en la Recherche: "Al principio, percepción vaga e indecisa, luego intervención de la inteligencia razonante que busca comprender la obra en diversas direcciones; por último, elevación de la inteligencia hacia la purificación del contacto con la obra, ya capaz de asir una verdad". Concluye Nattiez: "Si en la última fase el Narrador puede ver en la música el ejemplo de lo que debería ser la obra literaria, no es sólo porque el Septeto reproduce las innumerables preparaciones, reminiscencias y conexiones que deben, según Proust, caracterizar la obra novelesca, sino también, y sobre todo, porque la música constituye un tipo particular de lenguaje que puede servir de modelo a la literatura".

El progreso de la música en la novela y el progreso de la novela misma tienen otro fondo significativo en los cuartetos de Beethoven, que Proust había oído por el Cuarteto Capet en la Salle Pleyell en 1913 y tres años después se los había hecho tocar en su casa por el Cuarteto Poulet, y sobre los que dejará un significativo párrafo en A la sombra de las muchachas en flor: "Son los mismos cuartetos de Beethoven (los cuartetos XII, XIII, XIV y XV) los que han tardado en dar vida y número a los cuartetos de Beethoven, realizando de este modo, como todas las grandes obras, un progreso, si no en el valor de los artistas, por lo menos en la sociedad espiritual, en la que entran hoy ya muchos de esos elementos imposibles de encontrar cuando nació la obra, es decir, seres capaces de amarla. Eso que se llama posteridad es la posteridad de la obra."

Nattiez detecta la persistencia de esos cuartetos en el plan general de la Recherche: "Aunque el septeto incluya un piano, un arpa, una flauta y un oboe, Proust habla aquí solamente de las cuerdas. Para quien haya oído los últimos cuartetos de Beethoven, las calificaciones de 'penetrante' y 'chillón', así como la 'acritud' parecen verdaderamente pertinentes. El juicio de la posteridad sobre la profundidad de los cuartetos es absolutamente idéntico a lo que se nos dice aquí de las últimas obras de Vinteuil"

En la visión de Nattiez, la presencia beethoveniana significaría a la vez una corrección de la postulación de absoluto wagneriano por su realización en la forma idealizada del cuarteto de cuerdas. La forma "sin materia", para decirlo en los términos de Schopenhauer, cuya estética guía la obra de Proust tanto por la prominencia de la música dentro del sistema de las artes como por la idea de una completa entrega espiritual; la pura contemplación que tiende a librarnos del deseo y, en consecuencia, de un sufrimiento constantemente renovado.

Adorno escribió que la Recherche de Proust –a la que su Teoría estética no debe poco– es obra de arte y metafísica del arte, y difícilmente algo revele con tanta claridad la doble condición de la novela novela como este formidable ensayo de Nattiez que la editorial Gourmet acaba de acercar al lector local en la cuidada traducción de la musicóloga Antonieta Sottile.

martes, 1 de diciembre de 2009

Los muertos del miedo


Por Gorka Andraka | © Gara
Fuente: mediaIsla, Boletín 1153

Lo raro son estos días. Lo raro es este andar por casa con el miedo a cuestas, que el miedo sea libre, siga libre, con lo que calla, separa, mata. "Un corresponsal español en Rabat me llamó un día asustado porque habían hecho una pintada en su puerta", cuenta el escritor Juan Goytisolo, desde hace años exiliado en Marruecos. "Fui a verle y la frase, en árabe, decía: `Aicha, te quiero'. Esa era la amenaza". Toda una declaración de amor… y de guerra.

Ese joven pintor enamorado podría ser Kadero, pienso ahora, aunque él era argelino. Apenas llevaba mes y medio en Bilbao, recién llegado de su tierra, y ya se sentía una amenaza. Con sólo 19 años, entre desconocidos, otra lengua y cultura, sin papeles, sin antecedentes penales, desarmado… Kadero atemorizaba a la gente. Hace tres semanas, una patrulla de la policía lo confundió, como no, con un delincuente e intentó detenerlo. Kadero se lanzó a la ría para huir y murió ahogado. El miedo se lo llevó, el suyo, el nuestro. Otra víctima más de la Ley de Extranjería y de la criminalización que sufren las personas inmigradas.

"Un día los ojos se mirarán y no habrá juicios ni faltas", presagia el poeta sevillano José María Gómez Valero. "Cuando llegue ese día, / ese día no señalado, / ese día poco importante, / nada de lo que ocurra nos sorprenderá. / Lo raro son estos días. / Lo raro es este andar por casa / sin quitarnos el abrigo". Este miedo que crece cuanto más seguros contratamos, el pánico que provocan el vecino y el hermano. [lilibrik]

Rituales de la Bella pagana, un libro como el amor, caótico y desnudo…


Hay que leer este libro como un salmo en la misa del domingo, es decir, con goce y devoción. Sólo así podremos llegar a su último cielo.


Por René Rodríguez Soriano| © mediaIsla

Yo no lo sé de cierto, pero presiento que el olvido es un camino angosto que se pierde en las furnias que anteceden el anochecer; un arpegio de temblores que se les desgranan en las manos y en las sienes a los amantes minutos antes del ineludible adiós. El poema, sin embargo, es ese indescifrable e instantáneo brazo de mar que nos arropa y nos empapa y nos lava y nos limpia de un plumazo y de una vez de pelusitas, de esporas y la eterna ceguera de las oscuras claridades o la visión singular de Newton, con y sin bañador. Si no, preguntémosle a Fernando Valerio-Holguín, dónde arde más la llama o el deseo o la pasión. O si el poema es el poema o la teoría que lo funda o lo describe. O el poeta, la sartén, el libro, la academia, los bares, la muchacha, el Edén o, simplemente, si es que en verdad nada Eva como ave sobre la piel de Adán. O si es el libro en sí, la piel que se desborda todo cuerpo, y se posa en los ojos que se los sorben y absorben todo carne, fruta o ciega sed.

Yo no lo sé de cierto, estoy seguro de que luego de leer Rituales de la Bella Pagana. Diálogos de amor (Búho, 2009), el lector no sale ileso. Si como dijo Barthes, "La regla es el abuso, la excepción es el goce", el ritmo de lo que se lee y lo que no se lee en estas páginas asalta (y de que forma) el cuerpo de uno, hasta el punto en que ya no es posible distinguir cuál de los dos es el cuerpo objeto de lectura o de placer. ¿Qué decir de un libro y de un autor perdidamente gozones que tejen y entretejen un tejido que desborda los sentidos de placer y goce en toda su extensión? Dejemos que nos cuente el autor:

—Háblame de este libro, ¿con cuáles manos, desde qué cielo, piso, tundra o altiplano puede uno lanzarse con tal tino en pleno centro del cuerpo y del deseo?

—Rituales de la Bella Pagana nació de la lectura de El Collar de la Paloma de Ibn Hazm; y así fue creciendo a retazos, un día sí y otro no, con diálogos escuchados en bares, con confesiones de amigos, con imaginadas razones de filósofos y poetas.

Si tuviera que definir este libro, lo haría citando las "Palabras preliminares" del mismo: "Éste es, de alguna manera, un libro-collage, caótico, como el amor, mitad dolor, mitad ficción, en el que cohabitan leyendas, mitos, rituales paganos celtas, koanes budistas, retratos y autorretratos de palabras, poemas y diálogos de amor."

Para acceder al cuerpo de la Bella Pagana, que escapa continuamente, hay que leer este libro como un salmo en la misa del domingo, es decir, con goce y devoción. Sólo así podremos llegar a su último cielo.

—¿Tiene alguna creencia o religión el amor, la pasión, el fuego, el deseo desnudo y suelto por los páramos de la angustia?

—En el libro, el amor es religión, lo que "religa" al Pintor y al Poeta con la Bella Pagana, quien, en el centro del círculo de fuego, se erige como diosa. Ambos se consumen en el fuego de la pasión. Para el Poeta, "el amor es la única salvación". Como Calixto, tanto el Pintor como el Poeta son la Bella Pagana, a la Bella Pagana adoran y en la Bella Pagana creen.

—¿Sale ileso el poema, el poeta, la lengua o el lenguaje, y sobre todo, la aséptica preceptiva de los géneros?

—Creo que el texto, la lengua y el autor se transforman a sí mismos en la escritura y la lectura, a la vez que transforman al lector. Este texto está escrito a contrapelo de los géneros literarios convencionales. Ni poema, ni cuento, ni novela, es todos a la vez, a pesar de y contra las preceptivas. Este texto funda su propio género.

—¿Y el lector, acaso deba despojarse de alguna vestidura o tara original?

—Este libro debe ser leído desde el cuerpo desnudo, con cada poro, cada pliegue de la piel. La voz, entonces, se hace carne, carne trémula. Leer este libro es, de alguna manera, intentar poseer el cuerpo de la Bella Pagana, que está hecho de esa materia blanda de los sueños, de aire, deseo.

—¿Y el rotito de Barthes y los matices de Verlaine, cómo se multiplican en los viñedos y mandarinares de las tardes de la estepa?

—Perdona que me cite tanto a mí mismo —pero ésa, supongo, podría ser una definición del estilo, cuando uno se cita a sí mismo—. Pero con respecto al erotismo a través del rotito en la tela al cual se refiere Roland Barthes, en uno de los poemas del libro se puede leer lo siguiente: "Y no quieren ser estas notas/garabatos ni ovejas/ni versos ni poema en la noche pensativa,/porque ya se habrán transfigurado en algo más:/el destello de tu carne que el guante roto revela,/¡oh tú, Pagana mía!". En la carne expuesta a través del rotito encuentra el Poeta el erotismo y el poema como inminentes revelaciones.

Por su parte, Paul Verlaine, en su "Arte poética", —y gracias por darme a conocer estos versos— expresa: "Así, el Matiz siempre busquemos./¡Siempre matices, el Color nunca!/Con los matices juntar podemos/sueños con sueños, música y música." El hecho estético como revelación que no llega a manifestarse (Borges) se encuentra precisamente en los matices, en la insinuación. Nunca "decir", sólo "sugerir". A través de las ochenta páginas del libro, el Poeta y el Pintor deambulan por la vasta estepa solitaria en busca de esos matices y sugerencias la estética que exprese su amor por la Bella Pagana.

—¿Dónde empiezan y donde acaban sentimiento y conocimiento en las costas de la carne húmeda, encendida, deseada y deseante?

—No existe oposición entre sentimiento y conocimiento, como se ha querido ver tradicionalmente. El amor es conocimiento. Sólo se llega a conocer lo que se ama. Los silogismos están inscritos en la piel de la Bella Pagana. Para tratar de ganar su cuerpo, el lector debe ser domador de palabras. A su empírica belleza el Poeta propone, entonces, una epistemología del amor. "El amor es conocimiento. Te conozco porque te amo. Te conozco en la piel. Te conozco en los besos, las caricias. Y como en el vino o la poesía, en ti he encontrado mi verdad", le dice el Poeta a la Bella Pagana.

—¿Y el académico y el gozón, dónde comulgan y se desencuentran?

—Como siameses irreconciliables, con dos cabezas y dos corazones distintos, los dos Fernandos discuten y luchan hasta el amanecer en la prosa o el verso. Uno agoniza, en el aula, en la solemne conferencia y en incesantes aburridas reuniones del claustro, mientras el otro se va a los bares a beber grandes tragos de tafiá y a fumar cigarros de las islas y a escribir versos tristes en pedazos de servilletas. Uno se va de viaje mientras el otro se queda. Uno desea lo que el otro tiene; y cuando lo consigue no se conforma, en el presente o el pasado, del aquí/entonces, del allá/ahora. Sólo en la poesía —prosa o verso— logran reconciliarse los dos.

—¿Y entre el Paraíso y el Infierno occidentales?

—El tan anhelado Paraíso puede ser también un infierno. Para el poeta y el pintor, la búsqueda de la felicidad a través del amor es un síntoma, pero un síntoma que es gozo al mismo tiempo: Croce e delizia al cor, como canta Violeta en La Traviata.

La Bella Pagana es el Paraíso: "¿Quién que no haya sospechado al final de tus muslos el Paraíso..."; y es también el Infierno: "Si algún día pudiera deshacer el malentendido de/ nuestro amor —porque el amor no es más que un/malentendido— me comería todas las frutas del/Paraíso con tal de salvarme en su cuerpo".


En Rituales de la Bella Pagana, la frontera entre Paraíso e Infierno es muy frágil.

¿Es la bella pagana la cosa en sí o la cosa para sí?

—La Bella Pagana es la "cosa en sí", es la belleza, el conocimiento, el deseo, por tanto, inasible y misteriosa. Sólo podemos tener una premonición de lo que ella es. De ahí que el Filósofo, el Poeta y el Pintor se afanen en representarla, traten de asirla constantemente. La Bella Pagana siempre se escapa; nunca será la "cosa para nosotros".

—¿Y Fernando Espejo, se pinta, se piensa, se escribe o se refleja en las aguas del olvido o del deseo?

—Como ante un autorretrato, Fernando Espejo se piensa y se escribe en "las aguas del deseo" —para citarte—, pero no vive la vida. Como el Viejo Filósofo, piensa que "debería llorar en una escala pentatónica su incapacidad de poder comerse la naranja, de creer en Dios, compadecerse del mendigo o de amar a esa Joven Pagana de piel broncínea".

—Y para concluir, tres koanes de este pupilo de lector perdido en un arpegio de temblores y de asombros ante el ardid de una pantera que se queda, habitando en el recuerdo y en las manos, llena de música: ¿Cuál es la esencia del deseo? ¿Qué es el poema? ¿Por qué escribe, pinta o existe el poeta, el pintor y el filósofo?

—El deseo no tiene esencia, es fundador e infinito y como tal inasible, en la voz y la mirada. Todo deseo nace de una carencia. Cuando crees haber logrado satisfacer un deseo ya estás deseando de nuevo. Asimismo, el poema es deseo concretizado en palabras, por lo tanto carencia. El Poeta, el Filósofo y el Pintor están condenados a repetir sus deseos en sus obras, a causa de una carencia, pero sin llegar a alcanzar la justa medida. Creo con Lacan que los tres, cuando aman, piensan, escriben o pintan dan lo que no tienen, lo que les falta.

Fernando Valerio-Holguín Básico

La Vega, RD 1956. Poeta, narrador, ensayista y docente universitario. Estudió literatura latinoamericana en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y se doctoró en la Universidad de Tulane. Actualmente, es profesor de literatura y cultura afrocaribeñas en Colorado State University. Ha publicado sus cuentemas, prosemas y ensayos en revistas, periódicos y antologías de la República Dominicana y del extranjero. Ha publicado: Viajantes insomnes (1983), Poética de la frialdad: La narrativa de Virgilio Piñera (1996), Arqueología de las sombras: La narrativa de Marcio Veloz Maggiolo (2000), Memorias del último cielo (2002), Autorretratos (2002), Café insomnia (2002), Las eras del viento (2006), Banalidad posmoderna: Ensayos sobre identidad cultural latinoamericana (2006) y Presencia de Trujillo en la narrativa contemporánea (2006). Los huéspedes del paraíso (2oo9) y Rituales de la Bella Pagana (2009).

La soledad y sus colores


Por Daniela Cruz | © MEDIAISLA

El poeta siempre está solo. De hecho, es un pleonasmo. Poeta es tan sinónimo de soledad como lo es del amor o la pasión, la emoción o la tristeza. Los poetas sienten muy fuerte las emociones, los dolores, las traiciones, la vida. La poesía es la capacidad de rompernos la piel para sentir en las carnes el sol. En El color de la soledad, Pedro Ovalles se permite desollar al poeta, (porque desnudar está muy manido) meterlo adentro del fuego, volverlo uno con las materias y las circunstancias. El poeta es incapaz de abstraerse de los temas universales, de los temores y preocupaciones y Pedro lo comprende muy bien.

La soledad tiene sus colores y esos colores vienen dados por la presencia que como espejismos se evocan y se acercan. Nunca estamos verdaderamente solos: la evocación de la ausencia es ya presencia. Y esta contradicción entre la soledad del poeta y la no soledad de los seres humanos es lo que encontramos aquí. Esas vetas coloridas como el amor, el sexo, la mujer, la religión, la espera, Dios, la naturaleza, la ciudad, el tiempo testifican el poder de las palabras para dar existencia a las cosas, porque "basta que sea nombrada para que sea presencia como lo es el viento, como lo es el agua".

Los versos se amontonan rememorando el pasado, lo aprendido duramente al final de la jornada, cuando confesamos a la almohada los demonios combatidos. Reconocen la imposibilidad de tocar realmente el interior de las cosas, que aún el fuego mencionado anteriormente guarda siempre su intimidad, su espacio restringido. Todo el poemario es un discurso sentencioso, verdades de aplicación en la vida cotidiana.

El poeta afirma la inocencia del amor, su posibilidad dolorosa, la satisfacción que brinda ese sentimiento en el tiempo. No puede desligarse de esa convención cultural que lo vincula con el sexo, incluso lo reivindica como "hostia necesaria para poder vivir y conocer a Dios"; y lo evoca en el mismo sentido cuando lo vuelve requisito para el amor: "para amarte solo hay que provocar el fuego".

Este poeta se muestra heterosexual, pero no machista, y en su discurso la mujer, aunque destino de sus deseos y pasiones, es un sujeto sexual, que actúa con la misma soltura con que lo hace en la realidad soterrada de los convencionalismos.

No somos inmutables, el contacto con el exterior nos cambia, nos vuelve otros iguales y distintos a la vez. Y esos cambios despiertan la ansiedad de la búsqueda, del encuentro, la celebración de la vida, de lo bello y lo terrible.

El tiempo también es otra de las preocupaciones del poeta y su relatividad se manifiesta, por eso afirma que "la eternidad es un oscuro instante". Y tal vez es ese instante en el que la soledad "se torna en reunión de dioses".

Pero no. Lo dejaremos hasta ahí. No diremos nada de lo anterior, eso lo dirían los eruditos, los teóricos, los críticos de arte, los grandes intelectuales de la literatura. Empecemos diciendo que El color de la soledad miente. Dice que tiene 50 poemas, cuando en realidad son 49 porque el 36 es el 28 repetido. Que hay poemas largos y poemas cortos, buenos y malos, filosóficos y sentenciosos, sexuales y citadinos, celestiales y sufridos, conversados y declamados, fuertes y débiles, dulces y salados, agrios y amargos. Miente cuando nos inventa relaciones que no existen, nos pinta universos deseables, nos vuelve más miserables, nos enrostra posesiones que carecemos, nos hace creer en Dios pero nos envía al infierno de la soledad que pregona colorida.

Este poeta que supuestamente habla en El color de la soledad no existe. Y no existe porque el poeta es un personaje que nos inventamos los vivos para manipular la realidad, para poner en lágrimas de mujeres lo que no podemos defender con manos de hombres. Una caricatura que vocifera asustado, que es cursi y también renovado, un reflejo de su creador, una sombra agrandada de las oscuridades que escondemos en las palabras.

El color de la soledad nos miente, con Moca idealizada gracias al orgullo patrio, con Santiago evocada desde su percepción limitada al Cerro del Castillo. Nos engaña con la eternidad, con el silencio. Nos fabula, nos habla de amor como si fuese la cura para todos los males (hasta la envidia), pinta inocente esa enfermedad jodida y contagiosa. Sublima el abrazo, esa falacia que se inventaron los traidores para clavar el puñal sin mirar a los ojos. Pedro Ovalles se vale de estos poemas para mentirnos. Nos miente y le dejamos mentir, para poder luego mentir nosotros. Y la mentira en el fondo es una búsqueda desesperada de la verdad.

La palabra no es 'pobreza'


Marcada por 200 millones de personas ancladas en la miseria, la economía del continente no ha conseguido superar el peso de obscenas desigualdades sociales.


Por MARTÍN CAPARRÓS | © BABELIA
Fuente: mediaIsla, Boletín 1153

Soy argentino: nací en un país que nunca creyó que fuera parte de América Latina hasta que, hace unos años, en medio de la peor crisis de su historia, empezó a aceptar que lo era. No fue, para nosotros, un hallazgo feliz.

Quizá no debería decirlo, pero para los argentinos empezar a ser latinoamericanos fue dejar de pensarnos como una sociedad con un Estado muy presente, buena salud y educación públicas, cierta capacidad industrial, infraestructura de servicios eficiente, mercado interno suficiente, cierta cultura, clase media cuantiosa y una desigualdad moderada en los ingresos. Y descubrirnos como una sociedad desregulada salvaje, exportadora de materias primas, sin garantías estatales de bienestar, con violencia creciente, educación escasa y una extrema polarización de clase: ricos muy ricos y pobres bien pobres. Muchos pobres, cada vez más pobres. Ése fue el precio de empezar a llamarnos latinoamericanos: nadie querría pagarlo.

—O sea que para usted decir latinoamericano es algo así como un insulto, mi querido.

—Yo no diría un insulto, licenciado. Más bien una tristeza suave, o a veces una rabia.

En general, cuando un habitante del Occidente más o menos rico piensa en Latinoamérica imagina, antes que nada, recursos naturales, selvas vírgenes, mujeres y hombres menos, músicas dulzonas, imaginación desenfrenada. Y, justo después, se detiene en la Sagrada Trinidad Sudaca: violencia, corrupción, pobreza. No disimulen, primos gallegos, catalanes, vascos: ustedes también piensan en eso. Y nosotros: uno de los deportes clásicos en cualquier encuentro de latinoamericanos de acentos variopintos es el Campeonato del Peor: quién tiene en su país más corrupción, mayor violencia, más pobreza. Lo cual nunca se resuelve -los sudacas somos orgullosos- y entonces podemos pasar a la etapa siguiente y postular que las tres están perfectamente ligadas: que la violencia es un producto de la exclusión creada por la pobreza y profundizada por la corrupción de los poderosos -o algo así. Pero que no sabemos, claro, cómo salir del círculo vicioso.

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Ciudad del Este es el triunfo de lo falso. Las calles y los puestos y los locales rebosan de falsificaciones mayormente chinas: las zapatillas falsas, por supuesto, y los falsos perfumes franceses y las lacostes tan falsas como una descripción y las pilas y pilitas falsas y las falsas camisetas de fútbol y los bolsos Vuitton o Mandarina perfectamente falsos y los encendedores y los relojes y los licores y los remedios falsos: aquí lo único verdadero es la falsificación. Alguien trata de convencerme de que fabrican falsas hamacas paraguayas pero no sabe explicarme cómo se logra ese portento. Entonces otro me cuenta que, a la noche, todo se llena de falsas mujeres que son, en verdad, nenas -y me impresiona un poco tanto esmero.

Hace calor. Por las calles atestadas de vendedores y compradores -en Ciudad del Este no hay más categorías posibles- cruzan chicos cargados de cajas y más cajas, muchachos que tratan de venderme un cortapelos, chicas que me ofrecen estampitas de vírgenes, y el polvo se mete en todas partes y los gritos se meten y el olor de tantos sudores combinados. Ciudad del Este es sudaca sin velos y, en medio de todo eso, una tienda enorme elegantísima la convierte en metáfora boba de América Latina. Entre el olor y el polvo y esos gritos, el edificio de vidrios y de acero: la Monalisa es un duty free de aeropuerto con perfumes relojes lapiceras maquillaje maletas de las marcas correctas y lo atienden las chicas más correctas y hay poca gente y hay silencio y el aire es fresco muy correcto y, en el sótano, para mi gran sorpresa, aparece la mejor bodega al sur del río Bravo: esos grandes vinos franceses que aquí no bebe nadie, nada por menos de cien dólares. El caos, los vivillos, las falsificaciones, la pobreza activada rodeando el lujo más abstruso. Ciudad del Este, ex Puerto Stroessner, Paraguay, Triple Frontera, es un curso exprés perfecto sobre Latinoamérica.

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Mucho más que la pobreza, esa miseria: la diferencia obscena.

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Aunque en los últimos años la economía de Latinoamérica ha crecido un poco, en cifras de ministerios y bancos internacionales; el continente tiene, además, un tercio de las aguas limpias del mundo, las mayores reservas de petróleo, cantidad de minerales, plantaciones, tierras, poca gente. Hubo milagros chilenos, peruanos, casi colombianos, incluso mexicanos y por supuesto brasileños. Pero la economía latinoamericana sigue marcada por su dependencia de los mercados internacionales -el continente es más que nada un productor de materias primas o, como se dice ahora, de commodities- y, sobre todo, por aquello que llaman la pobreza: 200 millones de personas -dos de cada cinco- que no comen todo lo que deberían.

—Uy, ustedes los sudacas no paran de hablar de su pobreza. ¿Será para tanto?

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Es difícil imaginar la realidad de la pobreza desde las calles de una ciudad rica. Creo que recién lo entendí hace unos años, cuando fui a un campamento del movimiento de campesinos Sin Tierra brasileño, en medio del Amazonas. Los ocupas rurales me alojaron en la choza de una mujer de 30 años que no estaba allí -y se llamaba Gorette. Aquella noche, imperdonable, espié sus posesiones: en su choza había una cocina de barro, un machete, 4 platos de lata, 3 vasos, 5 cucharas, 2 cacerolas de latón, 2 hamacas de red, las paredes de palos, el techo de palma, un tacho con agua, 3 latas de leche en polvo con azúcar, sal y leche en polvo, una lata de aceite con aceite, 2 latas de aceite vacías, 3 toallitas, una caja de cartón con 10 prendas de ropa, 2 almanaques de propaganda con paisajes, un pedazo de espejo, 2 cepillos de dientes, un cucharón de palo, media bolsa de arroz, una radio que no captaba casi nada, 2 diarios del Movimiento, el cuaderno de la escuela, un candil de kerosén, tres troncos para sentarse, un balde de plástico para traer agua del pozo, una palangana de plástico para lavar los platos y una muñeca de trapo morochona, con vestido rojo y rara cofia. Eso era todo lo que Gorette tenía en el mundo -y digo todo: exactamente todo y nada más. Aquella noche empecé a entender qué era la pobreza. O lo supuse.

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Porque después me pareció que la palabra pobreza no servía para describir las sociedades latinoamericanas. Pobreza es una palabra demasiado amplia: describe, suponemos, la condición de los que tienen casi nada. Gorette, por ejemplo: su austeridad extrema era la norma en aquel campamento de campesinos que habían decidido ir a buscar sus vidas al medio de la selva; ninguno de sus vecinos y compañeros tenía mucho más. Pero es un caso cada vez menos frecuente: en América Latina, la mayoría de los pobres vive en asentamientos precarios alrededor o dentro de las grandes ciudades, o sea: enfrentados al martilleo constante de que otros sí tienen todo lo que ellos no. Lo cual, a falta de mejor palabra, querría llamar miseria.

No es lo que dice la Academia: en su diccionario, miseria figura como "estrechez, falta de lo necesario para el sustento o para otra cosa, pobreza extremada". Pero lo que llamo miseria es la desigualdad brutal, concentrada en un mismo territorio, y sus efectos de enchastre y de violencia: la humillación constante. La pobreza latinoamericana no suele aparecer en un contexto de carencia, de imposibilidad: no un desierto sudanés, no un pantano bengalí. Son villeros o pobladores o favelados junto al barrio caro pomposo custodiado: pobreza con escándalo de despilfarro cerca. La pobreza común es dura pero crea vínculos, redes, tejidos sociales; la miseria de la desigualdad los rompe, deshace cualquier intento de construcción compartida. El diezmo más rico de los latinoamericanos gana más de 30 veces más que el más pobre; en España, por ejemplo, la proporción ronda el 10 a 1. La esperanza de vida de mis vecinos de Buenos Aires es de 76 años; los habitantes del Chaco, una provincia de este norte, se mueren -en promedio- a los 69. O sea: un porteño vive un 10% más que un chaqueño -y la proporción es parecida si se comparan habitantes de San Pablo y Alagoas en Brasil, o Lima y Cuzco en Perú. Muchas otras cifras podrían decir lo mismo: pedestre, suelo creer que nada es más decisivo que vivir o no.

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Digo: miseria. Una sociedad que produce el triple de los alimentos que precisa -pero uno de cada seis chicos sigue desnutrido. O, dicho de otro modo: aquella bodega con sus Château Mouton-Rothschild en medio de la selva de chiringuitos falsos. Eso es, ahora, todavía, América Latina. Y así nos sigue yendo. [Martín Caparrós, Buenos Aires, 1957. Autor de Una luna (Anagrama, 2009]

PRD ve balance negativo del gobierno de Calderón


La administración de Felipe Calderón ha arrojado un saldo negativo para los mexicanos: desempleo, crisis económica, caída de remesas, más inseguridad pública; en comparación con lo que ofreció en la campaña, a tres años de distancia hay más ingobernabilidad, menos productividad y mas pobreza y México es el país con el peor desempeño económico en Latinoamérica.

Así lo afirmó el presidente del Secretariado Estatal del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Guanajuato, Miguel Alonso Raya. En conferencia de prensa, el dirigente perredista indicó que en el país hay más ingobernabilidad y menos productividad, hay más pobreza y México tiene el peor desempeño económico de todo el continente americano durante 2009.

En estos tres años, añadió, el poder adquisitivo de los trabajadores cayó en un 21 por ciento y mientras que el salario mínimo pasó de 48.67 a 54.80 pesos, el precio de la canasta básica pasó de 80.83 139.85 pesos, de acuerdo con un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La caída de las ventas petroleras, la disminución de los montos de las remesas provenientes de Estados Unidos y el golpe duro de la influenza al turismo en México, han contribuido al desastre económico mexicano: hay seis millones de pobres adicionales con relación a diciembre de 2006, hay más desempleo y más malestar social, resaltó.

También denunció que durante los dos gobiernos mexicanos emanados de las filas del Partido Acción Nacional (PAN), casi 50 mil millones de dólares fueron depositados en cuentas bancarias de mexicanos en el extranjero, revelan cifras oficiales del Banco de México (BdeM).

Otra característica de la gestión de actual responsable del Poder Ejecutivo Federal es que la violencia urbana ha subido en espiral y son prácticamente incontenibles las ejecuciones y desapariciones. En la lista de víctimas destacan en primer lugar mujeres humildes, sobre todo, residentes en Ciudad Juárez, y después, periodistas —en particular los que cubren notas policíacas y de seguridad pública-, policías, militares, políticos en cargos de procuración de justicia y de seguridad pública, empresarios que se niegan a pagar extorsiones a los delincuentes organizados y jueces. Concluyó que el combate policiaco al crimen organizado ha generado más violencia.

Alonso Raya cuestionó: el gobierno mexicano anhela festejar el bicentenario del inicio de la lucha por la independencia y el centenario de la revolución mexicana, en medio de una crisis severa; ¿cómo atreverse a gastar millones de pesos mexicanos, mientras millones de mexicanos no tienen empleo o han sido víctimas de secuestro sin que los autores hayan sido atrapados?

El balance del gobierno de Calderón es negativo, dijo: hoy vivimos peor en relación a 2006. Parece una burla que el slogan del gobierno de la república mexicana sea: Vivir mejor, precisamente cuando vivimos con más miedo, más inseguridad y más pobreza.


El gobierno de Guanajuato debe replantear el presupuesto

Alonso Raya señaló que se confirma la decisión de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) de no entregar agua a agricultores del distrito 011, ubicado al sur del estado, en consecuencia debería de tener un recurso para solventar este problema, eso no se refleja en el asunto del presupuesto, no hay un esfuerzo real de una reingeniería para poder destinar a otro tipo de programas. Planteó al gobierno del estado bajar el recurso destinado a salarios y hacer un lado los festejos del Bicentenario en el marco del próximo año.


Refundación del PRD

El líder estatal perredista informó que los días que del 3 al 6 de diciembre el PRD realizará en Oaxtepec, Morelos su Congreso nacional con la finalidad de discutir estatutos, línea política, programas y principios. También anunció que el partido iniciará en 2010 una campaña de afiliación y reafiliación.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La porfiada memoria de Dedé Mirabal


Por Jochy Herrera| © La Jornada
Fuente: mediaIsla, Boletín 1152

El régimen del sátrapa Rafael Leonidas Trujillo, el más sanguinario de los dictadores latinoamericanos del pasado siglo, marcó la historia individual y colectiva de la media isla República Dominicana. En una suerte de pesadilla que no desaparece, aquellos treinta y un años de horror sobrevivieron al tirano: el trujillato fue balaguerato durante las décadas de gobierno de Joaquín Balaguer –hijo político de Trujillo– fundador de un ethos del poder que hoy se reviste de caras y colores nuevos. Vivas en su jardín (Aguilar 2009) son las memorias de una sobreviviente, Dedé Mirabal, quien cuenta a viva voz cómo su corazón logró sanar, sin olvidar, uno de los más horrendos crímenes políticos en los anales de nuestro continente: el asesinato por el régimen trujillista de sus hermanas Patria, Minerva y María Teresa.

Heroínas hechas mariposas junto a sus maridos, las Mirabal representaron lo mejor de una juventud inmolada en pos de la justicia; junto a los miles de torturados y asesinados y el Movimiento 14 de Junio, su sacrificio no fue fútil, ya que contribuyó a poner fin a aquellas negras décadas de la dominicanidad. Hoy, en un poderoso testimonio de trescientas páginas, Dedé Mirabal ha contado a las jóvenes generaciones la historia de Las muchachas. Con un lenguaje tan real como las confesiones de los asesinos descritas en Vivas en su jardín, este libro fluye como documento revelador de mentiras y distorsiones sobre una época "tabú" en un país cuyos historiadores pocas veces contaron la verdad.

Minerva, la segunda de Las mariposas, no sólo fue una luchadora por la causa política junto a sus hermanas, sino también una defensora de la enmancipación femenina, asunto poco tratado en aquellos años de la década de 1950. No en vano desde 1998 la ONU declara el 25 de noviembre, aniversario de su asesinato, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. Minou, hija de Minerva Mirabal, en palabras insustituíbles, ha establecido el punto de partida desde donde este libro debe reconocerse: como arrebato de valentía y heróica humanidad "a pesar de la inmortalidad de las heridas" que arranca del olvido lo sucedido e impide que se pierda para nosotros y para el mundo.

Casi medio siglo después de aquel crimen, Dedé Mirabal narra cómo, al caminar por la carretera donde Patria, Minerva y María Teresa fueron asesinadas, aún le invade una sensación simultánea de desasosiego y paz: "Se me ocurre que fue en este lugar donde por última vez ellas vieron el cielo, donde por última vez nos recordaron a nosotros, sus seres queridos, donde vieron la cara demoníaca de la dictadura personificada en sus verdugos, y donde pronunciaron sus últimas palabras, las cuales nunca conoceremos con certeza. En este lugar de horror estoy segura que ellas tuvieron algún bello pensamiento para la vida que tanto habían amado y que en parte encarnaba en sus hijos, en mamá, en mí, en sus esposos, en los amigos...y en la fuerza única de la libertad."

[Jochy Herrera, dominicano, miembro de la mesa editorial de Contratiempo, Chicago. Autor de Extrasístoles y otros accidentes, 2009]

Guerra, paz y el Nobel de Obama


Por Noam Chomsky | © In These Times - Rebelion
Fuente: mediaIsla, Boletín 1152

Las esperanzas y perspectivas para la paz no estaban bien fundadas ni de lejos. La tarea consiste en afinarlas. Presumiblemente fuera ése el intento de la comisión del Premio Nobel de la Paz al elegir al presidente Barack Obama. El premio "parecía una suerte de plegaria e impulso de la comisión del Nobel a un liderazgo estadounidense más consensuado", tal y como escribieron Steven Erlanger y Cerril Gay Stolberg en The New York Times. La naturaleza de la transición Bush-Obama radica directamente en la probabilidad de que las plegarias y los ánimos puedan implicar algún progreso.

Las preocupaciones de la comisión del Nobel eran válidas. Escogían la retórica de Obama en punto a la reducción del armamento nuclear. Precisamente ahora las pretensiones nucleares de Irán dominan los titulares. Las advertencias son que Irán puede estar ocultando algo a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) y violando la Resolución 1887 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el mes pasado y jaleada como una victoria de los esfuerzos de Obama por contener a Irán. Significativamente, el debate sigue sobre si la reciente decisión de Obama de reconfigurar los sistemas de defensa de misiles en Europa es una capitulación ante los rusos o un pragmático paso adelante en la defensa de Occidente ante un ataque nuclear iraní.

El silencio es a menudo más elocuente que el más atronador de los clamores, de modo que atendamos a aquello que permanece implícito.

En pleno furor sobre la doblez iraní, la IAEA aprobó una resolución en que exhortaba a Israel a suscribir el Tratado de no proliferación nuclear (NPT) y abrir sus instalaciones nucleares a su inspección. Los Estados Unidos y Europa intentaron bloquear la resolución, pero ésta salió adelante de todos modos. Los medios de comunicación obviaron en la práctica el acontecimiento. Los Estados Unidos aseguraron a Israel su apoyo al rechazo de la resolución, reiterando un acuerdo secreto que ha permitido a Israel mantener su arsenal nuclear a resguardo de las inspecciones internacionales, según funcionarios habituados a esos arreglos. De nuevo los medios de comunicación permanecieron en silencio.

Los funcionarios indios saludaron la Resolución 1887 de la ONU con el anuncio de que la India "puede construir ahora armas nucleares del mismo poder destructivo que los arsenales con mayor poder nuclear del mundo", según informó Financial Times. Tanto la India como Pakistán están aumentando sus programas de armamento nuclear. Han estado por dos veces cerca de la guerra nuclear, y los problemas que a punto han estado de encender la catástrofe permanecen vivos en gran medida.

Obama saludó la Resolución 1887 de modo distinto. El día antes de que se le concediera el premio Nobel por su compromiso con el estímulo de la paz, el Pentágono anunciaba que estaba acelerando la distribución de las más letales armas no nucleares en su arsenal: 13 toneladas de bombas para bombarderos sigilosos B-2 y B-52, diseñadas para destruir búnkeres ocultos en profundidades y protegidos por 10.000 libras de hormigón. No es ningún secreto que esos cazadores de búnkeres podrían emplearse contra Irán. Los planes por tales "destructores de artillería masiva" empezaron en los años de Bush, pero languidecieron hasta que Obama hizo un llamamiento a desarrollarlos más rápidamente cuando llegó al poder.

Unánimemente aprobada, la Resolución 1887 exhorta a poner fin a las amenazas de fuerza y a la firma por todos los países del NPT, como hiciera Irán hace años. Quienes no lo han firmado son la India, Israel y Pakistán y todos ellos han desarrollado armas nucleares con la ayuda de los EEUU, violando el NPT. A diferencia de los Estados Unidos, Israel y la India (que ocupa brutalmente Cachemira), Irán no ha invadido a ningún otro país desde hace centenares de años. La amenaza de Irán es minúscula. Si tuviera armas nucleares y sistemas de transporte para utilizarlos, el país sería desintegrado. El analista estratégico Leonard Weiss apunta que creer que Irán vaya a utilizar armamento nuclear para atacar a Israel o a cualquier otro "es tanto como asumir que los líderes iraníes están locos" y que están deseando ser reducidos a "polvo radioactivo", y añade que los submarinos portamisiles de Israel son "prácticamente impermeables a los ataques militares preventivos", por no hablar del inmenso arsenal estadounidense.

En sus maniobras navales de julio, Israel envió sus submarinos Dolphin, capaces de transportar misiles nucleares al mar rojo a través del Canal de Suez, a veces acompañados de buques de guerra, a una posición desde donde podrían atacar a Irán, ya que tienen el "derecho de soberanía" para hacerlo, según el vicepresidente de los EEUU, Joe Biden.

No es la primera vez que se cubre con un velo de silencio lo que aparecería en titulares de portada en sociedades que valoraran su libertad y se preocuparan por el destino del mundo. El régimen iraní es duro y represivo y persona humana alguna quiere que Irán o cualquier otro disponga de armamento nuclear. Pero un mínimo de honestidad no haría daño al tratar estos problemas. Al Premio Nobel de la Paz, huelga decirlo, no le interesa sólo la reducción de la amenaza de una guerra nuclear terminal, sino más bien la guerra en general y la preparación para ésta. En lo tocante a esto, la selección de Obama produce sorpresa, no menor en Irán, rodeado de ejércitos de ocupación estadounidenses.

En las fronteras de Afganistán y Pakistán, Obama ha intensificado la guerra de Bush y es probable que prosiga ese camino, quizás con dureza. Obama ha dejado claro que los Estados Unidos proyectan a largo plazo un despliegue mayor en la región. Lo indica suficientemente esa enorme ciudad dentro de la ciudad llamada la embajada de Bagdad, distinta de cualquier otra embajada del mundo. Obama ha anunciado la construcción de macroembajadas en Islamabad y Kabul y consulados enormes en Peshawar y en todas partes.

Informes independientes sobre presupuestos y controles de seguridad para el ejecutivo sostienen que la demanda de la "administración de 538.000 millones de dólares para el Departamento de Defensa en el año fiscal 2010 y su acreditada intención de mantener un nivel alto de financiación en los próximos años colocan al presidente en el camino de gastar más en defensa, en dólares reales, que cualquier otro presidente en un solo mandato desde la Segunda Guerra Mundial". "Y no se contabilizan los 130.000 millones adicionales que la administración ha solicitado para financiar las guerras de Iraq y Afganistán durante el próximo año, lo que supondrá un gasto militar previsto para los próximos años aun mayor."

La comisión del Premio Nobel de la Paz bien podría haber elegido opciones verdaderamente dignas, entre las que destaca la excepcional activista afgana Malalai Joya. Esta valiente mujer sobrevivió a los rusos y después a los islamistas radicales, cuya brutalidad fue tan extrema que la población dio la bienvenida a los talibanes. Joya ha resistido también a los talibanes y ahora al retorno de los señores de la guerra bajo el gobierno de Karzai. Durante todo este tiempo, Joya ha trabajado concienzudamente por los derechos humanos, especialmente por los de las mujeres; ha sido elegida al parlamento y posteriormente expulsada por seguir denunciando las atrocidades de los señores de la guerra. Actualmente vive bajo gran protección, pero prosigue el combate, de palabra y de hecho. Mediante acciones así, repetidas en todas partes lo mejor que podamos, las expectativas de paz se acercan lentamente a las esperanzas.

[Noam Chomsky, figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachussets en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World. Traducción: Daniel Escribano]

Mambo del esquizo


Mamá, ellos son de la loma | Mamá, ellos cantan en llano | Sí señor… Miguel Matamoros


Por René Rodríguez Soriano | © mediaIsla

En el Palacio de la esquizofrenia no hay rockolas como las de antes. Ni hace falta, la tisana de la tarde hierve un mambo que bate y cuela toda la tersura y el mirar de "mediolao" del más conspicuo de los miembros de número del club de la humildad fingida. Caliente o frío, el cafecito le da el toque justo a las miradas que te eluden al decir "qué bueno verte, cuánto tiempo". Afuera hay más que adentro, lo confirma el floreteo de guías y buhoneros que son capaces de venderte una vez más los tesoros y los mapas del pirata Francis Drake. La Catedral, solemne y saboteada, no nos deja mentir.

En el palacio de la esquizofrenia, florecen los geranios con racimos de poetos, y las mandarinas, las sandías y los melones resbalan por los pastizales de la tarde que se vuelca en la plaza llena de palomas (las palomas aquellas, que decoran pelos e indumentarias)… y las poetas, sí, las jugosas y las pasas, —si es que pasan—, endulzan el café o encienden amapolas y azucenas.

Desde el Palacio de la esquizofrenia se domina en segundos la conciencia colectiva y el imaginario ¿nacional? Eso, antes de que llegue Carlos Goico con su acuarela sorda y tres o cuatro pinceladas de cordura perdidas en su pelo o de sus ojos que hace tiempo hicieron ruta en La Vía Láctea, y te pinte a tembloroso pulso, lúdica la tarde y la llovizna. Cestero posa distraído con el púrpura mordaz que se le chorreó por sobre la blanca túnica del nalCarde. Hay duendes y otros peces, rielando en la pecera, la mayoría fumando entre las turbias aguas y el hastío.

El palacio de la esquizofrenia es una catedral primada donde Colón aún sueña con los bucles de la beltraneja; y los adoquinados de los alrededores, te hacen sentir que si no estás, nunca te irás de la cafetería donde Abreu, además de servirte unas tostadas, sabe más del poema que el dudoso Premio Nacional de cada año. Si no me lo crees, puedes preguntar por Lassosé o por el tipo aquél que secuestró a la secretaria de educación de Balaguer y, según dicen —no me crean—, se intoxicó con la peluca que ese día llevaba la encopetada funcionaria, y todavía anda pidiéndole indemnización a Canadá…

Lo sé Romón, de vez en cuando elido lo que aludo cuando eludo lo evidente o su trasfondo. Soy de los tigres del Licey y nunca adulo, colecciono uno por uno los graffitis de Crucita Yin, ¿debo esperar que lleguen otros contertulios a aguarnos el café? Un merengue es un merengue, apambichao, o pa bailar de empalizá, la diáspora no es mas que un mambo guabinoso y tenue que "probablemente es virgen, todavía".

Jorge Volpi: América Latina no existe


La cercanía del Bicentenario "sólo sirve como mecanismo de distracción nacionalista", asegura, provocador, el autor mexicano, que presentó en el país "El insomnio de Bolívar", Premio de Ensayo Debate-Casa de América.


Por Guido Carelli Lynch | © Clarín
Fuente: mediaIsla, Boletín 1152

Triste noticia la de enterrar a América Latina. Más, si se tiene en cuenta que entre 2009 y 2012, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Sal­vador, México, Paraguay y Vene­zuela celebrarán los 200 años de sus respectivas independencias. Triste noticia, si se cuentan los muertos de la causa continental.

Tal vez el tricentenario de 2110 encuentre una América unida de Alaska a Ushuaia bajo el nom­bre de los Estados Unidos de las Américas, quizás entonces quepa hablar de integración regional, del sueño de Bolívar, y no de su in­somnio. Pero hoy, otra vez, procé­selo, América Latina no existe.

La provocación sale de la boca del mexicano Jorge Volpi, sen­tado cómodo en el lobby de un hotel cinco estrellas del micro­centro porteño, adonde viajó para presentar El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempes­tivas sobre América latina en el si­glo XXI, que le valió el Premio de Ensayo Debate-Casa de América. "La vieja idea de América Latina que tanto fascinó al mundo occi­dental, mezcla de dictaduras de compromiso político; de eso prácticamente ya no queda nada. Es esa la América Latina que ya no existe", explica con su tono tran­quilo el también ganador del Pre­mio Biblioteca Breve –el mismo galardón que ayudó a construir el espejismo del boom , que ahora desmitifica.

Mercosur, Unasur, Comuni­dad Andina, Unión Sudameri­cana, ALBA, ALCA: "Al carajo", como dijo Hugo Chávez en la re­cordada Cumbre de Mar del Plata. Al carajo también con la mentada integración regional, podría decir Volpi, que insiste: "América La­tina no existe". "No existe como una realidad sociopolítica com­pleta. Ni tampoco existe como el sueño bolivariano de una Améri­ca hispana por completo unida. Quizá lo que no existe son estas imágenes construidas de América Latina que habían estado vigentes hasta hace muy poco tiempo. Lo que existe ahora es una América Latina distinta, fragmentada, que se conoce muy poco a sí misma, que es prácticamente incapaz de mantener flujos constantes de in­formación de un país a otro, aun­que a veces sean incluso vecinos", larga sin pausas y sin vehemencia Volpi. Para él, lo que queda de la región está sometido a la nueva ló­gica de la globalización, que admi­te como corriente central todo lo que viene de los Estados Unidos y de Europa. Todo eso en el marco de un continente donde EE.UU. y Brasil comienzan a ser las dos po­tencias fundamentales que guían a las demás, dos potencias que no hablan castellano.

—¿Qué significa ser latinoame­ricano hoy?


—Uno puede seguir diciendo que es latinoamericano porque sigue teniendo esta carga, por un lado nostálgica y por el otro lado idea­lista, de cercanía con los habitan­tes de los demás países, pero que en términos reales ya tiene un pe­so muy limitado.

—En su libro señala que la posi­bilidad de un futuro latinoameri­cano está inexorablemente ata­do a la relación con EE.UU.

—Es paradójico, pues estamos lle­gando a un nivel de normalidad que significa que los conflictos tienden a ser resueltos directa­mente en los países. Y salvo la amenaza de Chávez, que termina siendo a veces mucho más dis­cursiva que real para los Estados Unidos, el resto de los países no están en absoluto en la agenda central de EE.UU. Ni siquiera ahora, en la era Obama. Puede ser que nos encontremos frente a un EE.UU. mucho más tolerante, abierto y dispuesto al diálogo y a la no intervención que en la era Bush, pero al mismo tiempo es un momento en el cual EE.UU. no tiene en absoluto a América Latina como prioridad. La priori­dad número uno de Obama hoy es interna, y la segunda es la agenda de seguridad en Oriente Medio. En ese panorama, América Lati­na ya no es la región más pobre, tampoco es una de las regiones de mayor crecimiento, es una región relativamente normal, pero que para los ciudadanos de América latina representa una normali­dad endeble, una normalidad en la cual, por un lado, la democracia no está por completo consolidada, y segundo, el problema central de América latina que es la pobreza sigue sin resolverse.

—Usted analiza la caída de las grandes narrativas en América latina ¿Cómo afecta eso a los habitantes de cada país?

—La caída de las grandes narrati­vas, el fin de esa época utópica, también le llega a América Latina y se manifiesta de dos maneras distintas, contemporáneas y para­dójicas. Por un lado ha desapare­cido esta división entre izquierda y derecha y la cadena utópica. Pero, al mismo tiempo, en muchos de los países, lo que ha terminado por pasar es la ansiada llegada de la democracia, entendida en muchos momentos anteriores de América Latina como esa utopía posible. La democracia, que está en todos los países del continente, con la excepción de Cuba, ha ter­minado en muchos casos por des­encantar a los ciudadanos, porque no resuelve de manera inmediata todos los problemas que frecuen­taban anteriormente. Entonces, a partir de ese desencanto, surgen estos nuevos liderazgos carismá­ticos populistas que intentan revi­vir las grandes narrativas. Ese es el mayor anhelo de Hugo Chávez; el de crear una nueva gran na­rrativa de un continente con una globalización alterna, controlada desde luego desde Venezuela, en contra de la que se lleva a cabo en el resto del mundo. En Europa se sigue vendiendo la imagen de una izquierda latinoamericana unifica­da, pero en realidad no es verda­dera. Se trata de fenómenos casi siempre nacionales y distintos.

Crítico activo, cínico por mo­mentos, a Volpi le tocó lidiar con la caída de las grandes narrativas en la política y también en su campo; el de la literatura. Lejos de la nostalgia que inunda a los editores españoles, no lamenta que la mecha del boom latinoame­ricano se haya extinguido. "Somos la primera generación que nunca creyó en esas grandes narrativas. No hay una generación desencan­tada de los 60, porque en realidad nunca estuvo encantada con algo. La mía ha sido la generación bisa­gra a la que le ha tocado observar el derrumbe de esas narrativas y el paso a una indiferencia o a una profunda desconfianza de las generaciones siguientes hacia lo político, hacia el compromiso, ha­cia la democracia, hacia la vincu­lación de lo intelectual en la vida política", explica este organizador de los festejos del 80 cumpleaños de Carlos Fuentes, quien no ha dudado en señalarlo más de una vez, como su sucesor literario.

Dentro de los numerosos cli­chés del ser regional que Volpi revisa hay uno en particular, que "supimos conseguir" y que le arranca una sonrisa franca. "Los argentinos son esa entrañable excepción a casi todo. Es un este­reotipo, por supuesto; pero que se confirma en muchos sentidos", anuncia este activo participante de ferias y congresos literarias ibero­americanos. Para él, la concreción de ese lugar común se revela no solamente en la propia visión que en general la Argentina tiene de sí misma, sino también por una serie de peculiaridades históricas que efectivamente la distancian de otras partes del continente. "Mien­tras Chávez, Evo Morales, Correa o Uribe van socavando la demo­cracia desde adentro, reformando las constituciones ad hominem para mantenerse en el poder; la excepcionalidad argentina hace que aquí ni siquiera eso haya sido necesario. La peculiaridad única en el continente y pues, en reali­dad en el mundo, es cómo un pre­sidente puede hacer que su esposa se convierta en candidata, gane la presidencia, y cómo se abre ahora la posibilidad de que regrese otra vez Kirchner en un tercer perío­do" , interpreta Volpi. Para este extraño caso de autor y director de programación de un canal de te­levisión, ese rasgo de la excepcio­nalidad argentina se inscribe en la tradición de las mujeres políticas fuertes, que marcaron la historia nacional, y que no se ha reprodu­cido en ningún otro lugar.

El decálogo de la democracia en América Latina que traza Vol­pi comienza con los liderazgos carismáticos de los caudillos de­mocráticos. "Ejercen liderazgos y prometen que van a ser capaces de transformar al país porque tienen métodos mucho más drásticos, porque verdaderamente cumplen su palabra, son capaces de trans­formar al país incluso modifican­do la legislación con tal de resol­ver los problemas cotidianos de la gente", advierte.

—¿Pero el deterioro institucional es sólo discursivo?

—No. Los políticos llegan al poder de manera legítima, por medio de las urnas, pero en esta paradoja lógica que sólo ocurre en la demo­cracia –el único sistema que pue­de irse desmantelando desde den­tro– van incrementando cada vez más el control que ejercen sobre los distintos poderes que deberían de existir pluralmente en un Esta­do democrático. Los otros poderes, el Congreso y el Poder Judicial son constantemente objeto del ataque de estos liderazgos para minar su credibilidad. Y, en efecto, en casi todos los países, uno tiene la peor impresión posible tanto de los legisladores como de los jueces. Luego, existen pugnas por y con los medios de comunicación, refe­réndums, encuestas y recursos de democracia directa para ir ganan­do mayor legitimidad y sancionar lo que está siendo en el fondo un engaño a la legalidad. –

—¿Y por qué no existe un proyec­to intelectual latinoamericano? ¿Es imposible?

—No hay un medio realmente que llegue a todas partes, tal vez el único caso, y siempre por cable, es otra vez la televisión, CNN en español que sí llega a todas par­tes, pero ni siquiera es un medio latinoamericano. Fuera de eso, en realidad son muy pocos los instru­mentos que pueden existir a nivel continental para aumentar el nivel de conocimiento de lo que ocurre en América Latina. Tampoco en Internet, tenemos más bien algu­nos espléndidos sitios nacionales en los que colaboran escritores de otros países, pero el problema está más bien en que ninguno de ellos tiene un peso real continen­tal. Probablemente el que más lo tenga sea el diario El País, que otra vez, no es latinoamericano. No sé si un proyecto común es inviable, simplemente no existe por ahora.

—América latina no existe ¿Para qué debería servir este Bicente­nario latinoamericano?

—Debería servir para hacer una conmemoración crítica. No quiero decir que realmente no haya nada que celebrar. En efecto, América latina no había gozado de una eta­pa de paz ni de derechos cívicos tan poderosa como la que vivimos ahora en estos dos siglos. Sin em­bargo, quedan en la agenda pro­blemas por resolver, empezando de manera central por la desigual­dad. No obstante, lo que más me preocupa de los festejos es esta carga típicamente nacionalista. Casi siempre tienen el único obje­tivo, no de unir al país en abstrac­to, sino de unir al país en torno al gobierno de turno. Y eso hace que en las celebraciones de cada acto de prácticamente todos los paí­ses, el centro está en convertirse en, como dice el lema mexicano, "200 años orgullosamente mexi­canos, o argentinos, o chilenos o lo que sea." Y, en medio de una crisis global como en la que vivi­mos, con una enorme cantidad de conflictos sin resolver, solamente sirve como mecanismo de distrac­ción nacionalista. El Bicentenario debería servir para observar las independencias de América La­tina como un fenómeno de toda la región, para tratar de entender verdaderamente su naturaleza y, en segundo lugar, para reflexionar sobre qué problemas podríamos resolver de aquí en adelante.

Volpi Básico | Escritor. México, 1968.

Junto a sus colegas de la Generación del crack, novelistas mexicanos que comienzan a publicar en los 90, apostó por una literatura que retomará algunas líneas del boom, en especial su interés por construir novelas que lo contarán todo y desbordarán hacia territorios de la política, la historia o las ciencias. En la trilogía que inició con "En busca de Klingsor" (1999) trazó un arco narrativo que cruza la segunda mitad del siglo XX, en especial el vínculo entre las innovaciones científicas y la construcción del poder. Como ensayista, ha abordado temas como la revolución zapatista, la escritura de ficción o la figura de Simón Bolívar. Desde 2007 dirige Canal 22, el canal cultural de la televisión pública mexicana. Además obtuvo el Premio José Donoso por el conjunto de su obra narrativa. [giecoleon]

En Río de Janeiro, Brasil, Poetas del Mundo consolida presencia


Por David Altamirano
Fuente: www.poetasdelmundo.com

BRASIL-Estado de Rio de Janeiro: En la ciudad de Río de Janeiro continuaron las actividades que desarrolla el Movimiento Poetas del Mundo en Brasil, oportunidad en que literatos de este Estado y otros cercanos, compartieron la palabra y el manifiesto que mueve a esta organización en todo el planeta.

A través de la voz de los cónsules, se hizo hincapié en la necesidad de continuar mediante la poesía abriendo los espacios necesarios para llegar a todos los rincones de este páis, el mas grande de Sudamérica y potencia económica en el orbe y donde el 25 por ciento del Movimiento Poetas del Mundo se encuentra presente en el gigante de América latina.

El edificio de la Liga de Defensa Nacional de Río de Janeiro fue el espacio donde se brindó la bienvenida a los poetas participantes. En la ocasión, los literatos recalcaron la importancia de seguir expandiendo la palabra por medio de la poesía a los sectores más apartados de esta comunidad, como los pueblos indígenas, lugar hasta donde se orienta también el trabajo de los cónsules de Poetas del Mundo en Brasil.

Más tarde las actividades continuaron en la sala de artes de la Universidad Veiga de Almeida donde gracias a la gran acogida entregada por esta importante casa de estudios superiores de Río de Janeiro, Poetas del Mundo tendrá un espacio para difundir su obra.

Aqui la música, el canto y la poesía fue la combinación perfecta para una tertulia inolvidable
Luego la jornada se trasladó a las dependencias de la Cámara Municipal de Niterói, donde la poesía como siempre, fue la protagonista del encuentro
Al mismo tiempo que la institución brasilera, hizo un reconocimiento el Secretario genaral y fundador de Poetas del Mundo, Luis Arias Manzo, por su contribución a la paz mundial.

La cultura de Brasil se manifiesta también a través de la música, otro pilar fundamental que ha proyectado a este país en el Mundo entero
Más de 1600 poetas hoy en este páis son por el momento miembros del movimiento en los diferentes Estados y cada día son más los que se incorporan para difundir el compromiso de los literatos por la vida y el cuidado del planeta, consigna universal de Poetas del Mundo.

David Altamirano*, [Cónsul - Cuarta Región] POETAS del MUNDO:
.http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=5915

sábado, 21 de noviembre de 2009

Algunos apuntes sobre La Cosa Nostra Dominicana


La Cosa Nostra Dominicana de Diógenes Abreu fue representada en New York del 23 al 26 de octubre de 2009 Centro Cultural Cívico Dominicano.


Por Carlos Manuel Rivera | © mediaIsla

Finalizó el siglo veinte, dejando inmersa La Cosa Nostra Dominicana como márgenes y subalternos que hemos llegado hasta la saciedad de incertidumbres, preguntas, cuestionamientos, ambigüedades y disyuntivas, quizás oximorónica, y aún no resueltas. Como si fuera poco, comenzó un nuevo milenio, con ya una década desde su inicio, donde las premisas continúan y no se resuelven.

De esta forma, el proletario se fragmenta, se dispersa, invirtiéndose sus valores y desenmascarándose a los paradigmas y saberes absolutos que se les vendían como alicientes paradisíacos en un mundo sin sentido y de angustia existencial. Entonces, ¿qué nos queda como clase obrera y oprimida por el poder? Podía, a lo mejor, señalarse que nos ampara una utopía democrática o socialista con metanarrativas empequeñecidas, como organismos microscópicos que acentúan sus dispersiones, rizomas y dislocaciones para transgredir y subvertir a la hegemonía.Sin embargo, a pesar de estas preguntas sin respuestas inmediatas, nos inclinamos a visualizar a un capitalismo tardío que prosigue su cometido, mientras canivaliza y excede su corriente necrofílica que admira y erotiza su Cadáver exquisito.

De esta manera, el Otro situado frente al poder, confunde su línea fronteriza, su liminalidad; un limbo, donde el narcotráfico compite con el mercado de los precios de petróleo, utilizándose a través de un camuflaje, en el cual el caos empresarial y organizativo, nacional, o institucional se figuran fuera de la culpa. Así, el consumo, el deseo insatisfecho, el crimen, la delincuencia, la prostitución, por mencionar algunos conflictos de nuestra vida, se colocan como signos de una marcada civilización versus barbarie latinoamericana y antillana que desborda abyectamente por los confines del primer mundo. Es decir, Europa y Estados Unidos prometían grandes ágapes a sus súbditos y ahora la ruptura de fronteras, las nuevas cartografías, las nuevas identidades, subjetividades y sensibilidades y los crecientes transnacionalismos, privatizaciones y desmantelamientos de sistemas, se derrochan por un mundo real, virtual e hiperreal, en el cual la brújula y sus puntos cardinales agotan sus baterías y cargas electrónicas, para encausar la encrucijada y abrazar a las partículas cuánticas que nos esperan abiertas en un universo social fractal.

Ahora, no es que ansiemos una contestación a nuestras reflexiones, ni que tampoco se nos diseñen soluciones a los ingredientes que hemos colocado, sino nuestra sociedad o nuestra cotidianeidad de esa práctica diaria sea un antídoto en lo que digerimos paulatinamente lo que Diógenes Abreu nos sugiere con su obra La Cosa Nostra Dominicana.

II

En la primera parte de nuestras reflexiones comentábamos sobre la problemática de incertidumbre, vaciedad, angustia existencial, quizás detenimiento aparente, o fosilización de las multiplicidades de clases marginales y oprimidas latinas, caribeñas y africanas, por decir algunas, en el interior de las sociedades del primer mundo. Sin embargo, nos preguntamos ¿que nos brinda este escrito de Abréu para una puesta en escena? ¿A partir de una lectura del texto, qué encontramos como recursos? Para ello, una ligera respuesta nos dirige a recrear aquellas propuestas del Nuevo Teatro Latinoamericano sesentista-setentista que los Grandes Maestros, como Dragún, Buenaventura, Boal, Díaz, Carballido y Santaliz, por mencionar varios de ellos, proponían para provocar el cambio social, la revolución a bases de utopías e ideologías de un sistema de sociedad sin clases, y la descolonización.

No obstante, en el texto, sus discursos se quedan aparentemente como comentarios planos de sus personajes que los inclinan a una sociedad, donde la clases sociales proletarias han llegado a esa inutilidad, delincuencia, crimen, drogadicción, violencia y lumpenización que la hegemonía propone con su poder a base de la segregación, la impotencia y la dependencia. De ahí que visualicemos cómo esto no da pie para comprender varias fuentes que El Nuevo Teatro Latinoamericano dejó como un legado de metodologías, poéticas y teorías vigentes para un nuevo giro social y político en lo que va desde el fin y el principio de un milenio.

Entonces, ¿qué nos aproxima este texto para la puesta en escena? Buscando una contestación vemos que cada día en el mundo teatral latinoamericano se han desarrollado varias realizaciones que si bien cancelan algunas de las anteriores, no las abandonan completamente por la caída del socialismo real, las dictaduras, golpes de estados y los vaivenes políticos y sociales de su mundo en los confines de sus países originales y en las interioridades de las ciudades de Europa y Estados Unidos, acrecentándose debido a las emigraciones o diásporas de diario, como también al neoliberalismo y al libre mercado, salvaje, transnacional y global. Por lo tanto, decir que las prácticas del teatro del oprimido de Augusto Boal, de la creación colectiva de Buenaventura, del teatro pobre de Santaliz, del teatro del absurdo latinoamericano de Dragún y Díaz, por dar algunos ejemplos, pasarían a ser técnicas, metodologías, lenguajes y discursos dramáticos obsoletos, sería una postura atrevida.

Ahora, habría que resemantizar y reconstruir estas manifestaciones desde otras perspectivas. Es decir, un montaje para esta pieza del teatro dominicano en Estados Unidos necesita un apertura hacia el happening, el performance, la multimedialidad, con el objetivo de provocación más que transformación, dejando la pregunta abierta mediante el recurso de la sugerencia, donde sus metadiscursos proyecten fragmentación, heterodoxia, semiosis infinita de significantes y significados, por expresar algunas de ellas. Se debe elaborar un teatro antidogmático, multidimensional y desconstructivo, en el cual no haya una linealidad del discurso ni donde la estructura logocéntrica apele a la absolutización y al endoctrinamiento como el teatro de sus predecesores. Su justificación estaría en el mismo libreto que produce su dramaturgo para revelar la problemática dada anteriormente.

Al presentarnos un mundo paralizado en sus problemas sociales sin resoluciones como destrucción, absurdo, nihilismo, anarquía de las clases menos privilegiadas de estos dominicanos en espacios de la cultura dominante, como un círculo vicioso sin salidas, sería encomendable que se nos represente un espectáculo, en donde domine la interdisciplina del testimonio de estas clases sociales, el movimiento corporal, la pantomima, el teatro invisible y de foro boaliano, a través de la repetición, la desintegración del lenguaje escénico racional y mimético, en el cual prevalezca el pastiche, la parodia y la ironía, por mencionar algunas tonalidades.

¿Cómo nos explicaríamos esta formalización estética? Su respuesta casi inmediata nos surge cuando observamos un mundo de hibridaciones culturales, políticas, sociales y económicas, en la cual su arte revelador emite una caja de resonancia polifónica, donde sus unidades temáticas, espaciales y temporales se diluyen en muchas capas partículas que el palimpsesto neo-milenario oculta y desoculta desde el juego con la esencia y la apariencia de los grupos sociales dominicanos en Estados Unidos. Queda ahora esperar para disfrutar una expresión artística a la cual no deseamos reprimir su libre creación.

LA EXTRADICION EN REPUBLICA DOMINICANA


Por PASTOR VAZQUEZ
Fuente: manuel-miranda.blogspot.com

La extradición es una vieja y controversial figura jurídica que por su naturaleza tiene su principal base legal en los tratados y convenios internacionales de los cuales República Dominicana es signataria.

Uno de los más viejos compromisos firmados por nuestro país está contenido en el Tratado de Paz, Amistad, Comercio, Navegación y Extradición entre República Dominicana y Haití, que data de 1874 y todavía está vigente.

Luego la República Dominicana firmó el 19 de junio de 1909 el Tratado de Extradición con Estados Unidos, que entró en vigencia a partir del dos de agosto de 1910, cuando se dio el canje de ratificaciones entre el enviado especial norteamericano Horace G. Knowles y el representante dominicano Don José María Cabral y Báez.

El artículo II de este Tratado estipula las infracciones por las cuales se entregarán a los fugitivos que se refugien en uno y otro Estados.

Podemos citar entre esas infracciones el asesinato, tentativa de asesinato, violación, aborto, comercio carnal con menores de doce años, bigamia, incendio, piratería, entre otras.

Como es lógico suponer para la época en que se firmó el Tratado no existía el delito de Tráfico Ilícito de Estupefacientes, con la dimensión que ha adquirido en estos días.

El Tratado entonces se suple de la Convención de las Naciones Unidas Contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Controladas, de 1988, y ratificada por República Dominicana en 1993.

Los artículos del 6 al 11 complementan todos los aspectos sobre la extradición por el crimen de tráfico ilícito de drogas narcóticas.

Nuestro país también es signatario de la Convención Sobre Extradición de Montevideo, firmada en Uruguay el 26 de diciembre de 1933.

Todos estos compromisos entran en el denominado bloque de la constitucionalidad.

En cuanto al aspecto de la legislación puramente local, la extradición está contenida en la ley 489 del 22 de octubre del 1969, modificada por la ley 278, del 29de Julio de 1998.

El artículo cuatro, modificado por la ley 278, incluye el tráfico ilícito de drogas y el lavado de dinero proveniente de esa actividad entre las infracciones previstas en la extradición.

Este artículo facultaba al Poder Ejecutivo para entregar a los extraditables, pero el Código Procesal Penal, en su artículo 162, otorgó esa facultad a la Suprema Corte de Justicia.

Ahora la persona pedida en extradición tiene la facultad de defenderse en un juicio abierto frente a los jueces de la Suprema Corte.

Así la jurisprudencia ha venido a enriquecer este tema, supliendo los huecos que naturalmente surgen en todas situaciones jurídicas. Por ejemplo, ha sido criterio constante del máximo tribunal de que no debe haber duda con la identidad de la persona pedida en extradición (Sentencia No.11, del ocho de abril del 2005).

Otro aspecto que la Suprema Corte ha definido es que la solicitud de extradición esté sustentada en un hecho criminal, por lo que no se puede a una persona en extradición por una simple contravención. (Sentencia No.39 del 11 de octubre del 2005). Para ampliar más sobre el tema, ver "Código Procesal Penal por un Juez en Ejercicio", de Francisco Ortega Polanco.

OBSERVACIONES:

El autor se confunde en algunos aspectos trascendentales.

Efectivamente la Convención de Extradición de Montevideo de 1933, de conformidad al Art. 1, le concede “al Estado” la potestad de “entregar a cualquiera de los otros Estados que los requiera, a los individuos que se hallen en su territorio y estén acusados o hayan sido sentenciados”.

Más adelante en su Art. 5 faculta a los “agentes diplomáticos o consulares” hacer la petición correspondiente

Procedimiento que se complementa con el Art. 6 de la Ley No. 489 de Extradición, que establece que debe ser solicitada por intermedio de la Secretaría de Relaciones Exteriores al Poder Ejecutivo, a quien los artículos 1, 3, 4 faculta para “conceder extradición” en virtud de que su titular, el Presidente de la República, es al mismo tiempo el “Jefe de Estado” en ejercicio “de un acto de soberanía” que le corresponde ejercerla... Recordemos que el Presidente de la República como “Jefe del Servicio Exterior” es el superior inmediato del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuyos titulares se encuentran SUBORDINADOS al mismo.

¿Cuál fue el cambio implementado por el Código Procesal Penal a este proceso?

Anterior y posteriormente, con la autorización correspondiente, el expediente de solicitud se tramitaba al Procurador General de la República (autoridad designada y subordinada al Jefe de Estado, en su condición de “Jefe del Ministerio Público) para que lo sustentara, de conformidad al Art. 16 y siguientes de la Ley 489.

Simultáneamente, esta autoridad judicial actuaba como “juez y parte”, pues no conforme con sustentar, preparar e instrumentar el expediente… Al mismo tiempo “citaba por Acto de Alguacil” (?) a la parte afectada, quien podía hacerse acompañar de su abogado (y hasta designarle gratuitamente) y hacer valer “todos su medios de defensa” de conformidad a los artículos 18 y siguientes del indicado texto legal.

Con la barbaridad adicional de que el abogado del solicitado “no podía formular preguntas” porque supuestamente el proceso era “informativo de oficio, no contradictorio” lo que obviamente era violatorio al debido proceso, consagrado por la Constitución Dominicana y diversos Pactos Internacionales de Derechos Humanos.

Finalizando ese extraño “proceso judicial” con “dictamen” el cual era remitido al Poder Ejecutivo, quien teniendo “la palabra final” mediante “decreto” procedía a la extradición, no importando el resultado del dictamen de conformidad al Art. 25.c.

Como si todo fuera poco, hasta se le otorgaba al Procurador General la potestad de conceder “liberación provisional bajo fianza” al procesado si así lo solicitare, mientras se mantuviera el inapropiado “proceso informativo”.

Ante esta “salvajada legal” violatoria del “derecho de defensa” , el legislador modifica el articulado legal que la consagra (18-25 ibi dem) mediante los artículos 155 - 165 del Código Procesal Penal, los cuales dividen el proceso CALIFICATIVO de extradición.

- Al Procurador General de la República se le despoja de facultad deliberatoria y CALIFICATORIA, manteniendo la instrumentación del expediente y otorgándole el APODERAMIENTO del mismo ante la Suprema Corte, con derecho a sustentarla ante el plenario en calidad de “parte del proceso”

- La Suprema Corte de Justicia, se le otorga la potestad de CALIFICAR el expediente, dictaminando si “Ha Lugar” o “No Ha Lugar” a la petición. Igualmente, conocer sobre cualquier solicitud del procesado en cuanto a libertad provisional bajo fianza o “cualquier otra medida de coerción”

Lo cual enmienda el tollo procesal descrito anteriormente, otorgándole garantías al solicitado de tener un juicio imparcial y contradictorio frente a sus acusadores. El Procurador General de “juez y parte” se le delimita “a parte” del proceso.

Conclusión del proceso.

En caso de que la Suprema Corte dictamine “Ha Lugar” en contra del solicitado, el expediente regresa a manos del Presidente de la República y de conformidad a los artículos 25.c y 26 de la Ley citada, emite “decisión final”.

En caso de que la Suprema Corte dictamine “No Ha Lugar” el caso como quiera regresa a manos del Presidente para su “decisión final”, semejante cuando el proceso estaba en manos del Procurador General al momento de “dictaminar” su improcedencia.

Conclusiones finales:

1. El proceso de extradición “comienza y termina” con el Presidente de la República en su condición de Jefe de Estado.

2. El Jefe de Estado, tiene “la palabra inicial” y “la palabra final” en todo proceso de extradición, en especial cuando se tratan de hechos relativos al narcotráfico, terrorismo, etc. en donde no hay víctimas particulares que se querellen.

3. La Suprema Corte de Justicia, ni ningún otro tribunal, pueden AUTOAPODERARSE de casos judiciales, esa potestad se le atribuye al Ministerio Público ó "parte interesada".

4. La Suprema Corte, no juzga el fondo del expediente en razón de que se le reserva a la jurisdicción ordinaria del Estado peticionario ó dominicano, según sea el caso. Nuestro más elevado Tribunal de Justicia, actúa como “Juez de la Instrucción”, limitándose a evaluar la legalidad de la petición y si reposan pruebas o elementos que la justifiquen, sin entrar en apreciaciones.

5. Ese alto tribunal, BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA tiene “la palabra final” y NINGUNA de sus decisiones “no ligan ni atan” a la “decisión final” que pueda adoptar el Poder Ejecutivo

6. Como la Ley no lo prohíbe, el Presidente de la República ADMINISTRATIVAMENTE puede desechar cualquier solicitud de extradición, ORDENANDO al Procurador, NO APODERAR EL CASO a la Suprema Corte de Justicia y/o ARCHIVARLO en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

7. En ese mismo tenor, en caso de que sea apoderada, puede:

a) ORDENAR al Procurador General de la República, DESISTIR del caso, viéndose los jueces apoderados obligados ACOGERSE al mismo, de conformidad a reglas elementales de derecho (Art. 29 CPP)

b) En caso de que sea conocida la petición y la Suprema Corte dictamine “Ha Lugar”, el Presidente de la República POR DECRETO puede DENEGAR la solicitud de extradición y enviar el expediente al Procurador General para que proceda apoderar el caso al Tribunal Colegiado de Primera Instancia del Distrito Nacional, para que sea juzgado en cuanto al fondo de los hechos imputados, de conformidad a los artículos 56 y 62 del Código Procesal Penal.

8. La "parte interesada" ya sea particular o Estado requeriente, puede solicitar expresamente la calificación de la extradición a la Suprema Corte de Justicia... Aunque deberá amarrar para que el Presidente de la República la dicte, en caso de respuesta positiva.
EL AUTOR es periodista y Ministro Consejero de la Embajada Dominicana en Haití