martes, 29 de diciembre de 2009

Juan Bosch, cuentista con alma de tigre


Este año se recordó al escritor y político dominicano, que vivió parte de su exilio en Chile, donde Nascimento publicó su volumen de relatos La muchacha de La Guaira, elogiado por Alone y reeditado ahora por Lom.


Por Pedro Pablo Guerrero | © El Mercurio
Fuente: mediaIsla, Boletín 1157

Una vieja implora a las ánimas del cielo que pongan fin a la sequía y termina consiguiendo un diluvio. Así de simple es "Dos pesos de agua" (1942), obra maestra del humor macabro. De técnica casi perfecta y desenlaces fatales, las historias de Juan Bosch (La Vega, 1909) continúan la veta de Horacio Quiroga y anuncian las de Juan Rulfo. "El cuentista debe tener alma de tigre para lanzarse contra el lector, e instinto de tigre para seleccionar el tema y calcular con exactitud a qué distancia está su víctima y con qué fuerza debe precipitarse sobre ella", afirmó el escritor dominicano en su "Teoría del cuento". En la concepción narrativa de Bosch, el lector y el tema comparten un mismo corazón: "Se dispara a uno para herir al otro".

Nada más natural para el autor de cuentos en que el acoso, la persecución y la fuga juegan un rol determinante. Nada más natural para un político que estuvo huyendo la mitad de su vida. Primero, de Trujillo -experto en la estrategia del garrote y la zanahoria-, quien lo mandó a apresar en 1934 y cuatro años más tarde lo quiso nombrar diputado. Comenzó entonces un largo exilio por Puerto Rico, Cuba y Costa Rica, con frecuentes giras (Guatemala, Estados Unidos, Venezuela, México) y una accidentada estancia en España, donde Bosch tuvo la desafortunada idea de acercarse a los trotskistas durante la guerra civil, lo que le trajo nuevas persecuciones dentro del bando republicano.

En 1953, radicado en Cuba, se lo acusó de apoyar el asalto del cuartel Moncada. Pidió asilo en la embajada de Costa Rica y, desde San José, viajó a Bolivia y luego a Chile. En 1954 se instala en Niebla, cerca de Valdivia, donde escribe algunos de los cuentos que integrarán su cuarto volumen de relatos, La muchacha de La Guaira , publicado por Nascimento en 1955 y reeditado este año por Lom, con un excelente prólogo de la profesora Ana María Maza. Libro de historias cautivantes, algunas de aire fantástico, que relatan cacerías humanas, abismos existenciales y los diversos rostros de la miseria. En 1955, Bosch publica también Judas Iscariote, el calumniado , ensayo que revisa críticamente la participación del discípulo en la pasión y muerte de Jesucristo y el papel que le fue asignado por el cristianismo.

El aislamiento en el sur de Chile no dura más que unos meses. Después de fracasar en el negocio de las baterías, Bosch se establece en Santiago. Se relaciona entonces con Gonzalo Rojas, Volodia Teitelboim, Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva, entre otros. Al mismo tiempo, La muchacha de La Guaira es recibido con inusual entusiasmo por el crítico Hernán Díaz Arrieta, Alone, en El Mercurio: "Este sí que es un cuentista hecho y derecho, antiguo y moderno, de tomo y lomo, cuentista por los cuatro costados, que no necesita definiciones ni defensas, un verdadero narrador que no se detiene en descripciones, un visionario que hace andar a sus tipos, que no se complace en mirarlos por aquí, pintarlos por allá, sino que los sigue paso tras paso, como fascinado". Exultante, el crítico proclama: "Saludémosle. Es un gran tipo. Es un escritor dotado de las más poderosas y escasas virtudes, uno de esos bienhechores de la humanidad que escriben libros y entretienen, que renuevan en nosotros el goce de vivir y, espantando el fantasma del tedio, nos resucitan".

Alone y Bosch se hicieron tan amigos que cuando, en 1962, el escritor dominicano fue elegido Presidente de la República tras la muerte de Trujillo, invitó al crítico a la asunción del mando. Hernán Díaz Arrieta viajó en febrero de 1963 junto a la delegación oficial de autoridades chilenas. Después Alone siguió desde Chile los pasos de su amigo, ocupándose de sus nuevos libros. El afecto no impidió la honestidad y, cuando criticó David, biografía de un rey (1963), los comentarios no fueron tan buenos. Dos años más tarde, sin embargo, saludó sus Memorias, señalando, eso sí, las diferencias políticas que lo separaban de Bosch: "Leamos y releamos esta obra, espejo donde pueden mirarse los ilusos, los entusiastas, los soñadores de Hispanoamérica".

Bosch no alcanzó a durar mucho tiempo en la presidencia. Un golpe de Estado lo derrocó a los siete meses, el 25 de septiembre de 1963. Se marchó nuevamente al exilio y al año siguiente, tras el estallido de una revuelta de sus partidarios que buscaba reinstalarlo en el poder, Estados Unidos ocupó el país con 42 mil marines y efectivos del ejército. En las nuevas elecciones convocadas en 1966 fue electo Joaquín Balaguer, heredero del trujillismo. Bosch no regresaría a su país hasta 1970. Desde entonces participó, sin éxito, en varios comicios presidenciales. Cuando murió, el 1 de noviembre de 2001, a los 92 años, Juan Bosch había recibido numerosos reconocimientos, tanto literarios como políticos, en su país y el extranjero.

Marcio Veloz Maggiolo: "García Márquez lo consideraba su maestro"

Marcio Veloz Maggiolo (Santo Domingo, 1936) es ensayista, arqueólogo y doctor en Historia de América, además de ser un prolífico y conocido escritor de ficción que recibió el Premio Nacional de Literatura en 1996. Siruela ha publicado sus novelas La biografía difusa de Sombra Castañeda, La mosca soldado, El hombre del acordeón y Ritos de cabaret . Su novela más reciente es Memoria Tremens (Alfaguara, 2009).

Este autor dominicano no solamente fue amigo de Juan Bosch, sino que además compadre y funcionario de confianza: el autor de "Dos pesos de agua" apadrinó a uno de sus hijos y, durante su breve presidencia, lo nombró embajador en Italia.

"Bosch era un hombre de una inteligencia excepcional, con su propio modelo de originalidad, como buen autodidacta", recuerda Veloz. "Cuando publicó su ensayo El pentagonismo, sustituto del imperialismo, la izquierda allá lo atacó mucho, porque iba contra toda la teoría marxista de Marta Harnecker y los manuales de ese tiempo. Ahora lees ese libro y lo que dice ahí es como una predicción".

—¿Qué representa hoy Juan Bosch en República Dominicana?

—Bosch es un escritor simbólico en mi país. Es el tránsito de la literatura del siglo XIX a la del XX. El paso a una modernidad inicial, con cuentos que ya no son de orden tradicional, porque el cuento en República Dominicana tuvo como primera referencia las leyendas, las tradiciones, las viejas historias. Juan Bosch comienza una literatura que va hacia el hombre. Se basa en el mundo rural, pero para darnos una visión de la problemática del ser humano. Toda su obra es así. Bosch es el escritor fundacional de una literatura del siglo XX.

—¿Cuál es, a su juicio, el lugar de Bosch en el canon de la literatura hispanoamericana?

—Bosch hacía al principio una literatura realista, como era el realismo latinoamericano de los años 30 y 40, con Ciro Alegría, Miguel Ángel Asturias y toda esa narrativa. Pero luego Bosch cambia y sus últimos cuentos no son de ese tipo. En "La mancha indeleble", de 1960, una voz le ordena a un hombre sacarse la cabeza y ponerla en un anaquel. Es una historia muy importante porque revela ideológicamente cómo la dictadura y el partido tratan de cambiar tu visión del mundo, de quitarte cualquier pensamiento propio. Algo común en las dictaduras latinoamericanas. Bosch tiene además cuentos como "Dos pesos de agua", anterior a García Márquez, quien lo apreciaba mucho y decía que era su maestro. Si analizas ese cuento te vas a encontrar que ahí está el diluvio de Macondo en Cien años de soledad. No sé si se deja influenciar por Bosch, eso no es ningún pecado, pero el agua, la lluvia, es un elemento clave en García Márquez, como lo fue en los relatos de Bosch.

—Anticipa el realismo mágico.

—Claro, y es un cuento antropológico. Es la creencia de la mujer la que funciona ahí, el mundo mítico de las ánimas, que en mi país es muy importante. Bosch utiliza el tema mágico-religioso en ese cuento, uno de los mejores que escribió.

—¿Piensa que Bosch hubiera llegado a ser más reconocido si no hubiese abandonado la literatura por la política?

—Cuando Bosch entró de lleno en la política dejó de hacer literatura. Y él lo dijo: ahora mi problema es el país, el Caribe. Lo hizo de una manera consciente, como un hombre que ya había realizado un aporte fundamental y no iba a escribir más. Bosch tenía todas las condiciones para ser un narrador aún más grande, pero renunció a ser el fenómeno de escritor que fue siempre, acostumbrado a ganar premios. En su momento fue una cumbre de las letras y creo que si lo ves desde la perspectiva de su posición cronológica, lo sigue siendo. [zoiladulceuva]

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