miércoles, 1 de abril de 2009

Las Palabras Vacías


O cómo hacer un análisis gramatical a martillazos


Tainos y Caribes fueron borrados de nuestra historia en los primeros años del encuentro de las civilizaciones.

Por Juan Carlos Mieses | © mediaIsla, Boletín 1118

"En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas…"

Menos afortunada que el párrafo de Borges, pero más conocida en nuestras calles, es la expresión: "los españoles vinieron a explotarnos". Todos la hemos oído decir en alguna ocasión. Yo la escuché una vez, lo juro, de labios de un reconocido estadista hijo de un emigrante español.

Lo primero que notamos es que el nosotros de la oración parece encerrar un contenido vacío. El problema se sitúa a la altura del pronombre del complemento. Si ese "nos" somos los indígenas, entonces el sentido de la frase resulta imposible.

La razón es muy sencilla: los dominicanos no descendemos de los indígenas.

Tainos y Caribes fueron borrados de nuestra historia en los primeros años del encuentro de las civilizaciones, para decirlo de una manera taradamente correcta.

Ante tal argumento no podemos sino concluir que ese "nos" no puede existir realmente, pues si existiera entonces estamos muertos; hemos perecido en el siglo dieciséis de enfermedades, en las minas de oro, en los campos de añil; nos hemos suicidado lanzándonos a los abismos, incapaces de reaccionar de una manera concertada ante el avance de un invasor sorprendente.

Tal conclusión nos coloca ante una inquietante paradoja.

Notemos, de paso, además, que la expresión no menciona el exterminio.

¿Sugiere acaso que la explotación es peor que el genocidio? No me atrevería a afirmarlo.

El segundo inconveniente reposa del lado del sujeto: resulta curiosamente excluyente. Dice los españoles como si se tratara de un extraño. Ese sujeto reniega la parte de nuestros ancestros que vinieron en las cubiertas con un dios judío coronado de espinas, con una lengua mestiza de celtas, de iberios, de visigodos, de romanos y de moros, los que se quedaron en esta isla y usaron a quienes tenían a mano para sobrevivir, los que nos parieron, se mezclaron con sus esclavos y un día descubrieron que ya no eran españoles, ni tainos, ni africanos y no tuvieron más remedio que seguir adelante con otro gentilicio.

El tercer problema es que si ese "nos" somos los negros entonces se debería decir nos trajeron para explotarnos, pues cuando los europeos llegaron aun correteábamos por las llanuras africanas. Ahora vemos que a los negros les pasó casi lo mismo que a los indios; en cierto modo desaparecieron, en tanto que ancestros, de la memoria social.

Esa ausencia es inquietante. Es lo menos que podemos decir.

En resumen, en el ámbito de la popular frase tanto unos como otros son o somos extraños. Los que llegaron o llegamos, de Europa, los que estaban o estábamos en la isla y aun aquellos que con culpable impudor fueron o fuimos secuestrados en África.

Así que al final, en la despreocupada lógica de la expresión, nada nos concierne. Ni el pronombre de la primera persona del plural del complemento, ni los villanos del sujeto; lo que curiosamente nos hace espectadores de nuestro propio acontecer.

Si nos atenemos a esa absurda semántica, otros fueron los responsables y otras la víctimas.

Una pregunta se presenta como fundamental: nosotros… ¿quiénes somos?
[Juan Carlos Mieses, escritor]

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