jueves, 5 de marzo de 2009

Y mi pluma, mi pluma se ahogaba en un charco de sangre


Por Oscar René Benítez

EL SALVADOR: Sr. Arias Manzo. He leído su nota con detenimiento y a pesar de que es clara y directa, es profunda y muy acertada. Estoy de acuerdo con usted, que como poetas debemos estar al lado del débil, hablar en defensa de nuestros hermanos [los seres humanos] que sufren opresión y hasta la muerte como resultado de manipulaciones políticas, intereses económicos, etc. Genocidio es genocidio, es una vil acción no importa quién lo co. Las comparaciones que usted hace de las bombas atómicas en Japón y las injusticias contra el pueblo judío [de aquel entonces] son el mejor ejemplo de los abusos que se han cometido contra la humanidad por los países más fuertes. Como poetas, es nuestro deber condenar, protestar y detener las acciones de exterminio que muchas veces son aplaudidas, financiadas y hasta provocadas por mentes insensibles con intereses oscuros.

Como ser humano he sufrido viendo la muerte de niños palestinos [que aún no entendían de odio, de fronteras ni de dolor; como poeta, he podido sentir el estremecimiento sorpresivo de esas muertes en mi corazón, he llorado el llanto de las madres indefensas... y mi pluma, mi pluma se ahogaba en un charco de sangre.

Con usted, Sr. Arias Manzo, estamos los poetas del mundo.

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